ARTICULAR EL CAPITALISMO DE ESTADO CON EL COOPERATIVISMO Y LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL.

Nota: Mario Verdi   – ARGENTINA

_“Pero serán aquellas gentes que puedan mantenerse vivas y cultivar de una forma más plena el arte mismo de la vida, los que podrán disfrutar de la abundancia cuando ésta llegue. Para que el trabajo que aún hay que hacer sea tan compartido como fuera posible. Turnos de tres horas o semanas laborales de quince horas podrían resolver el problema”_.
*John Maynard Keynes*, 1930.

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_“Ha muerto el Che pero vamos a ver mil Che Guevaras si esto sigue. Porque eso emula a la juventud que tiene la obligación de hacerlo. Yo estoy con ellos. Como estoy con Fidel Castro y toda esa gente que ha liberado su país. Ahora me dicen que es comunista, y a mí ¡Qué me importa que sea comunista! Fidel es tan comunista como yo”_. 
*Juan Domingo Perón*, 1968.


“Exhortamos a los gobiernos y a los pueblos de la Tierra. Si la naturaleza destructiva del Capitalismo se opone, pues luchemos contra ella, no esperemos de brazos cruzados a la muerte de la humanidad, la historia nos llama a la unión y a la lucha. Si el Capitalismo se resiste, nosotros estamos obligados a dar la batalla contra el Capitalismo y abrir el camino por la salvación de la especie humana, si no lo hiciéramos el ser humano desaparecerá”_.
*Hugo Chávez Frías*, 2009.

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_“La contradicción capital-trabajo, es por definición antagónica e irreconciliable. Esto se debe a que el modo de producción genera excedentes para la patronal, lo que se conoce como plusvalía. La plusvalía se genera en el proceso de reproducción del trabajo, puesto que el valor del trabajo realizado es superior al valor del pago por dicho trabajo. En otras palabras, la plusvalía es trabajo no pagado. Tenemos que ser capaces de pensar otro sistema de producción. Por más incómodo que sea el debate hay que asumirlo: La negación de esta contradicción conduce a planteos falsos como el “capitalismo con inclusión”, “capitalismo con rostro humano” y otras variantes en las que supuestamente se corrige esta desigualdad dentro del sistema, pero hoy, como siempre, vemos que ello no es real”_.
*CTA Autónoma*, 2020.

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_Índice_:
I.- *Cambio climático, nuevas pandemias y la caída del mito de la infinitud del Capitalismo*.
II.- *Comunismo como poder constituyente de la Multitud, Cooperativismo y el fin de la burguesía*. 
III.- *La Renta Básica Universal (RBU)*.
IV.- *El Capitalismo de Estado como instancia táctica del Trabajo, para estratégicamente terminar con todo tipo de Capitalismo*.

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Compañeras, compañeros y compañeres:

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I.- *Cambio climático, nuevas pandemias y la caída del mito de la infinitud del Capitalismo*.
La humanidad necesitó una enfermedad como la provocada por el nuevo corona virus, para poder despertar de su sueño artificial de prosperidad por estar conectada a la Matrix capitalista. Una sacudida arrebatadora para comprobar que el Capitalismo resulta inviable. Que está agotado. Y que de proseguir terminará definitivamente con el planeta y la supervivencia de les terrícolas. 
Cuán grave es la situación económica que el presente aislamiento social y obligatorio, provocado por la pandemia del CoViD-19, será añorado como un vergel comparado al desierto de lo Real de la calamidad que está en curso. Un síncope económico de la humanidad que ningún desfibrilador mercantil podrá hacerla retornar a la vida, para resucitarla indemne al ruinoso mundo que naufragó en el año 2020. 
La ficción anticipa la realidad. Pero la realidad supera a la ficción como dijo Evaristo Fernández San Miguel y Valledor y repetía Oscar Wilde. Aun así el relato ficcional ejemplificado por la película _“Contagio”_ es el mejor film que explica por qué se produce una pandemia como la del CoViD-19. Y de cómo, durante su transcurso, la debacle económica que produce, si no se toman las medidas pertinentes para garantizar la reproducción material del proletariado, detona en la anomia y el sálvese quien pueda. 
A los burgueses nada les importa más que sus ganancias. Cuyas utilidades ya descendían antes de la pandemia, producto de la robotización industrial y la inteligencia artificial aplicada a los servicios. Una completa absorción del Trabajo en el Capital que tiende a la destrucción de la ley del valor trabajo. La burguesía palpita que está condenada a su extinción. Porque la subsunción, absorción, inclusión y comando del Trabajo en y por el Capital, impide establecer la medición exacta entre el tiempo de trabajo socialmente necesario o salario y el tiempo socialmente excedente o plusvalor. 
Para los empresarios, tanto mejor, si se extingue media humanidad. Debido a que la destrucción de las fuerzas productivas a gran escala, de la cuales la más importante es el hombre, sería la mejor forma para reiniciar una acumulación primitiva del Capital universal en el siglo XXI sobre las cenizas de la humanidad sobreviviente. Una acumulación similar, en su magnitud, a la realizada por la burguesía entre los siglos XVI y XVIII. 
La única oportunidad que tiene el género humano para salvarse de un apocalipsis cada vez más cercano, el cual ya no puede ser descalificado como una premonición de mentes afiebradas, es terminar con el vetusto Capitalismo. Y utilizar la tecnología hiperproductiva creada por el Trabajo, y expropiada por el Capital como su propiedad privada, como automatización robótica laboral y fundamento material de una nueva sociedad. En tanto la tecnología sea reapropiada socialmente por la Multitud para así poder edificar el nuevo Comunismo. Y de este modo establecer políticamente que se trabaje apenas el 20 por ciento de lo que se hacía antes de la Pandemia. Y, por consiguiente, con ello conservar la recuperación de la autorregulación de la naturaleza provocada por el frenazo capitalista iniciada en el primer trimestre del año 2020. 
Con el 20 por ciento del tiempo de trabajo que se realiza bajo el viejo Capitalismo, alcanza y sobra para que con un novel Comunismo se reproduzca económicamente la humanidad. Donde terminando con el 80% del tiempo de trabajo socialmente excedente productor de plusvalor, sólo se conserve el 20% del tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir materialmente la vida de la humanidad. 
La mayor riqueza humana del nuevo Comunismo no es trabajar cada vez más, sino trabajar cada vez menos. Lo cual no sólo es posible, como nunca antes en la historia del hombre, sino que configura el mejor argumento para combatir la economía ecocida y genocida capitalista. 
El nuevo Comunismo, es el único modo de producción que permite reducir el inútil 80 por ciento del tiempo de trabajo obligatorio que le impone el Capital a la Multitud para que sobreviva el Capitalismo. Haciendo que el tiempo libre de trabajo deje de ser un atributo de la patronal que vive del sudor ajeno, y se transforme en una conquista social de la Multitud liberada del trabajo obligatorio productor de plusvalía. Un plusvalor sólo creado por les trabajadores para que les empresarios devengan en zánganos de la sociedad. Esto, a su vez, redundará en una verdadera economía verde, sustentable y ecológica. Una purificación del planeta que ya se está constatando gracias a la detención del 80% de la explotación capitalista, que tuvo que hacer toda la burguesía sobre el hombre y la naturaleza, desde el inicio de la cuarentena obligada por el CoViD-19. Superada la pandemia, para poder garantizar que este proceso continúe, la Multitud proletaria debe renunciar a retornar a la normalidad previa a la irrupción del nuevo coronavirus. 
La emergencia producida por el COVID-19 es el aviso extremo que le realiza la naturaleza enferma al hombre, para que la salve y se redima enterrando al obsoleto Capitalismo. Un llamado desesperado del ecosistema para que nazca el novel Comunismo que impida la destrucción de la Tierra y el acabose de la humanidad.

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II.- *Comunismo como poder constituyente de la Multitud, Cooperativismo y el fin de la burguesía*.
El hombre tiene que cambiar de raíz su vínculo con la naturaleza. La necesidad de la revolución de la Multitud contra el Capital, ante un futuro de extinción de la mayoría de la humanidad sino da un giro de 180 grados, primero se manifiesta como intuición de la catástrofe civilizatoria capitalista. Una expresión primaria de la inteligencia que, posteriormente, si quiere consolidarse, tendrá que devenir en una práctica política consciente de su intelecto antisistémico 
Los desastres sociales y culturales, económicos y políticos, son el humos imprescindible para que la pasión transformadora del humano se despliegue como proyecto anticapitalista. De lo que se trata es de crear colectiva y globalmente un nuevo modo de producción. Por consiguiente, hoy poder constituyente de la Multitud es sinónimo de la necesidad de implantar un novel Comunismo. El único sistema económico y político donde el metabolismo entre la ecoesfera y la sociedad no resulten irreconciliables como bajo el Capitalismo. Pasar del biopoder del comando del Capital sobre la Tierra y el Trabajo, a una biopolítica de la humanidad emancipada del Capitalismo para salvar al planeta y al hombre. 
Poder constituyente de la Multitud significa Comunismo, en tanto y en cuanto se institucionalice como un nuevo poder constituido biopolítico. Una nueva democracia del común de las singularidades de la Multitud. De lo contrario, aun venciendo la pandemia del nuevo coronavirus y superando la mayor depresión económica de todos los tiempos, más temprano que tarde, la patronal del Capital, los gobiernos de los Estados y la Multitud proletaria, se volverán a encontrar con los límites insalvables del sistema ecocida y genocida Capitalista. Con la salvedad que si el Capitalismo sobrevive a esta crisis, el próximo derrumbe significará una catástrofe humanitaria de proporciones bíblicas. Donde un nuevo crack financiero, como evaporación del capital ficticio, será mucho más destructor que el actual, provocando una desplome nunca visto de la economía. Además, persistir con la conservación del Capitalismo, conllevará a que el hombre se enfrente con una bioesfera prácticamente agotada. Todo esto hará que la recuperación de la ecoesfera y la humanidad, ahora sí, únicamente pueda ser realizada partiendo de un mundo completamente en ruinas.  
Si el Capital supera el actual desplome, su escaso futuro crecimiento de acumulación de nuevo plusvalor, contrapuesto al incremento de un Capital Industrial-Financierista que advendrá ficticio al carecer del sustento de una futura mayor plusvalía para acumular, producto de la imparable automatización del Trabajo, provocará una crisis inmensamente más destructiva que la del año 2020. 
Hay que enterrar al Capitalismo. Impidiendo que la clase burguesa del Capital siga viviendo a costa de la salud y la muerte de la Multitud proletaria. Ya lo decía Juan Perón en 1952 _“La doctrina peronista sostiene que la renta es producto del trabajo y pertenece a los trabajadores que la producen”_. Para eso la Multitud hacedora debe despojar de los medios de producción a la patronal, medios acumulados como propiedad privada del Capital a partir del robo del trabajo impago que significa la plusvalía, y hacerse de ellos para que toda la producción pertenezca a les proletaries. Si la clase trabajadora no termina con la clase empresarial, está última terminará extinguiendo a la mayoría de la humanidad. 
El verdadero virus es el Capitalismo, su portador es la vampírica burguesía del Capital, y el único antídoto es un renovado Comunismo de la Multitud. La cura contra el infecto mundo empresario demanda terminar con su agente transmisor; de debilitamiento y famelización, enfermedad y muerte; que es la plusvalía succionada al Trabajo por Capital. Clavarle una estaca en el corazón al Capital obviamente demanda acabar con el Capitalismo. Y, con ello, hacer morir por inanición de plusvalía a la clase empresarial, imposibilitándolo de que siga depredando la naturaleza y desangrando al Trabajo. Sólo finalizando con la colonización infecciosa que provoca la ganancia sobre la vida, en todas sus formas, se puede salvar a la humanidad. El contagioso Capitalismo es la enfermedad del planeta. Y su único remedio es el nuevo Comunismo.  
La pandemia muestra lo mejor y lo peor del humano. La clase empresarial, la clase media asalariada aspirante a burguesa y el proletariado de derecha, caceroléo contra los políticos la noche del 30/3/20. Esto, hoy significa atacar al Frente de Todes. Este es un llamado de atención. Que preanuncia lo que vendrá después de superada la pandemia. La lucha de clases se agudizará deviniendo en una antagonía irreductible entre la izquierda y la derecha. Entendiendo por izquierda a la Multitud que luchará por terminar con el Capitalismo para poder emancipar a la Argentina del Imperio del Capital, en tanto se libera socialmente de la burguesía; mientras que la derecha defenderá la continuidad del Imperio del Capital y el Capitalismo en Argentina, y cuyos defensores serán la clase burguesa y el cualunquismo de la Multitud víctima del síndrome de Estocolmo y su servidumbre voluntaria al Capital.
Si las PyMEs, el 99% de las empresas de la pequeña y mediana burguesía, corren el riesgo de fundirse es porque le llegó la hora de extinguirse. Ningún problema. Empresa que quiebra, empresa que pasa a manos de sus empleados. Para esto hay que usar el modelo de los establecimientos recuperados que nacieron con la crisis capitalista del 2001. De las cuales hoy existen más de 400 firmas donde 30.000 personas viven de forma directa y 100.000 de manera indirecta gracias al cooperativismo. Una autogestión que demostró que cada  unidad productiva recuperada por el proletariado puede salir a flote si termina con la plusvalía burguesa. Sin burgueses se reduce entre un 50 a un 80% de lo que necesita facturar una cooperativa para seguir funcionando, ya que se ahorra el valor excedente del trabajo humano que acumulaba la patronal como plusvalor. Por lo tanto, queda claro que la que sobra, la inservible, inútil y parásita, es la clase burguesa. Una clase que debe pasar a la posteridad producto del colapso patronal provocado por la crisis detonada por el propio Capitalismo. 
De la clase empresarial, la amplísima mayoría votó por Macri en 2015 y militó por su reelección en 2019. Esta clase sobrante, sus políticos y economistas, voceros en los medios masivos de comunicación y los troles en las redes sociales, se burlaban de todas aquellas organizaciones anticapitalistas, intelectuales revolucionarios y colectivos de la contrainformación, cuando luchaban contra el Capital y daban sus argumentos demostrando que el Capitalismo estaba agotado. Ahora todes elles se tienen que morder su lengua.   Con el peligro de perecer, porque en ella se aloja el veneno burgués que los está exterminando.
Las empresas eléctricas se quejan porque están dejando de ganar. Ningún problema. Si a las firmas chupasangre del Pueblo concesionarias del servicio eléctrico, al igual que a los restantes explotadores del resto de los servicios públicos, el negocio ya no les resulta redituable, hay que proceder a su estatización y así el Estado dispondrá de su renta monopólica en beneficio de toda la sociedad.
La burguesía no hizo un mísero cacerolazo para oponerse al cambio climático capitalista que preanunciaba el advenimiento de futuras pandemias como la del actual CoViD-19. Para la clase empresarial, sea pequeña, mediana o grande, nada era más importante que su sed de ganancias sobre el lomo de la clase trabajadora de la Multitud. Pues bien: su sistema estalló, colapsó, kaput. 
El proletariado de la Multitud no debe mover un sólo dedo para defender a su enemigo de clase: la patronal capitalista. Muy por el contrario, si el burgués se funde es porque su sistema es ineficiente, obsoleto y condenado a ser superado, tácticamente, por una combinación de Capitalismo de Estado + expansión del Cooperativismo + Renta Básica Universal. Un Capitalismo de Estado y Cooperativismo aplicable tanto en la industria como en el comercio, en el campo y la ciudad, en la banca y los servicios, dedicada al mercado interno o la exportación, en la utilización responsable de la naturaleza como un bien común de la humanidad y nunca más como fuente de la depredadora ganancia privada empresaria. 

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III.- *La Renta Básica Universal (RBU)*.
Después de pasada la emergencia del CoViD-19, a las 3.547 grandes empresas que se desarrollan desde la Argentina hay que aplicarle un impuesto del 30% sobre todo su Capital, tanto el que está en el país como en el extranjero, para financiar la Renta Básica Universal (RBU). Ver el punto IV.- de este material, donde se indica como está compuesta la clase burguesa en la Argentina. O, de lo contrario, estatizar sus firmas. Sean bancos y medios de comunicación, siderúrgicas y petroleras, puertos y telefónicas, entre otres. Para que así el Estado disponga de sus rentas oligopólicas y monopólicas para poder financiar las sumas que irroga el pago de una RBU para toda la Multitud. 
Se viene un tiempo de más política y Estado y menos ganancia y mercado. Estas serán las nuevas premisas universales ante la depresión económica capitalista que ya empezó. Y que librada su solución al arbitrio del lucro de la burguesía que comanda el Capital, dejará más desempleados y pobres, enfermos y muertos que 10 pandemias del CoViD-19. 
La bancarrota mundial del Capital será la más pavorosa de su historia. Para empezar, hay que adoptar las medidas Keynesianas aplicadas en los años 30 del siglo pasado y que luego fueron seguidas por los gobiernos nacionales, populares y revolucionarios Latinoamericanos. Una política económica que volverá por sus fueros en la presente década, donde al Capitalismo de Estado habrá que sumarle la generalización de la autogestión cooperativa y la Renta Básica Universal.
La burguesía violó la normativa de no despedir a ningún empleade durante la pandemia. Si echaron trabajadores en plena cuarentena lo que harán después que pase la misma, y ante el colapso universal del Capitalismo, es despedir a cientos de miles en la Argentina y a cientos de millones en el mundo. Por consiguiente, la expropiación de sus establecimientos ya no es solamente una medida del orden de lo posible, sino una instancia absolutamente necesaria para preservar el trabajo socialmente necesario para mantener con vida a la sociedad. 
Va llegando la hora que la burguesía abandone su lugar en la historia y se abra paso el cooperativismo generalizado de la Multitud. De la pandemia, y su consecuente quiebra capitalista, se sale entre todes les trabajadores combatiendo al Capital hasta que la clase patronal pase al museo de los trastos viejos de la prehistoria humana.
Urge pensar el nuevo anticapitalismo para el día después de terminada la pandemia del CoViD-19. Y transformar el deseo comunista y el vigor del intelecto antisistémico, en una fuerza material de la Multitud organizada políticamente para reemplazar al Capitalismo.
La burguesía no va a cambiar su misión ecocida y genocida. Al contrario, está en la naturaleza de la reproducción del Capital incrementar sus ganancias a costa de envenenar cada vez más el aire, el agua y el suelo para poder sobrevivir; y a su paso destruir el planeta y poner en vilo la continuidad de la humanidad. La verdadera peste es el Capitalismo. Y su transmisor es la sociedad de mercado comandada por el Capital de la burguesía.
El 30/3/20 se produjo un cacerolazo de les empresarios que viven en la abundancia; de una porción de la satisfecha y meritocrática aristocracia laboral; y de les proletaries que con sus cacerolas vacías respaldan a la gran, mediana y pequeña burguesía, cual esclavos obedientes de los amos patronales, que se identifican con sus intereses, ideología de derecha y la perdurabilidad del Capitalismo.
El espectro mediático se está poblando de nuevos operadores de la burguesía. Como Jorge Lanata, Alfredo Leuco y Luis Majul ya están muy desprestigiados, aparece una nueva camada del periodismo de derecha representada por Jonatan Viale. Comunicadores de los intereses del Capital que llegaron para infectar las pantallas. Son el coronavirus mediático dispuestes a realizar el trabajo ponzoñoso de les patrones del Capital, sea tanto por convicción y/o por conveniencia.
El presidente Alberto Fernández les advirtió a la clase empresarial que no va a tolerar ningún despido. Y en consecuencia dictó un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para impedirlo. Aun así hubo patrones que violaron la normativa presidencial. Si los empresarios sigan tirando de la cuerda, la próxima medida que habrá que implementar será la expropiación de sus establecimientos. Un caso paradigmático es la de la cadena de cines Mark, o de los miserables que echaron trabajadores en plena pandemia. Si esta empresa no revierte su medida, esta firma bien puede pasar a ser una red autogestionada por sus empleades que se podría llamar Cooperativas de cines 30 de marzo, un ejemplo del principio del fin de la burguesía vividora del Trabajo.
La capa de ozono se está sanando desde el inicio del frenazo del Capitalismo provocado por el CoViD-19. Un cambio que sólo será temporario si después de la pandemia retorna en su plenitud el Capitalismo. Por consiguiente, la única salida para salvar el planeta es terminar con el Capitalismo y reemplazarlo por un nuevo modo de producción anticapitalista.
La lucha de clases no se suspende por la pandemia. Contra los cacerolazos de la burguesía, la clase media asalariada que aspira a ser patronal y la Multitud de derecha atacando la legitimidad política del gobierno del Frente de Todes; la Multitud nacional, popular y revolucionaria no se puede quedar en silencio consintiendo un reclamo fogoneado por las empresas dueñas de los medios de comunicación reaccionarios. Su proclama: la reducción de los salarios de los representantes del poder ejecutivo y legislativo no tuvo resultado. Porque el gasto que irroga la política es un vuelto en comparación al PBI que se robó la burguesía en las últimas cuatro décadas. Donde fugaron al extranjero 400.000 millones de dólares esquilmados al Trabajo y al Estado. 
Hay que impedir que la burguesía y sus empresas puedan sacar un sólo un dólar más del país. Dólares que provienen de la conversión de la plusvalía en dinero proveniente del robo del trabajo proletario. Un Capital que termina depositado en las guaridas fiscales para evadir su obligación de pagar impuestos en la Argentina.
Si después de concluida la crisis provocada por el CoViD-19 la Multitud trabaja menos y descansa más, se salvará al planeta y la humanidad. Por cierto que para esto hay que terminar con el plustrabajo, el plusvalor y la plusvalía. Un tiempo inútil gastado por el proletariado y que sólo sirve para mantener a las sanguijuelas patronales, culpables del derroche de la energía eco-social que provocó el cambio climático y con él la irrupción de nuevas pestes.
El Capitalismo transpira por todos sus poros una repugnante desigualdad social, y un desprecio miserable de la patronal por la Multitud que lo alimenta y sin la cual no puede sobrevivir. Un buen ejemplo de lo inservible de la burguesía puede verse en un sketch de la actriz Verónica Llinás. Donde ella representa a una patrona que es incapaz de poder cocinar una mísera porción de fideos. La comediante, por intermedio de su actuación, representando a una integrante de la clase parásita, demuestra que la burguesía no es ama sino esclava del proletariado.
El día después de la pandemia hay que luchar contra sus causas y no sólo contra sus consecuencias. La causa fundamental del colapso actual es el Capitalismo. Y la tarea más importante del día después para la Multitud del trabajo es impedir que se salve el Capitalismo. Como dice Michael Roberts:

“Estos nuevos patógenos mortales están llegando a los cuerpos humanos porque el impulso insaciable de ganancias en la agricultura y la industria ha llevado a la mercantilización de la naturaleza, destruyendo especies y acercando los peligros de la naturaleza a la humanidad. Incluso si después de esta pandemia finalmente se contiene e incluso si los gobiernos gastan más en prevención y contención en el futuro, solo poniendo fin al impulso de lucro capitalista se podrá recuperar la armonía de la naturaleza con la humanidad”_.


Durante el transcurso de esta década, una vez más, el espectro del Comunismo recorrerá la Tierra. Un planeta que terminó siendo subsumido absolutamente por el modo de producción capitalista. Ya que el neoliberalismo, como dice Jorge Elbaum, _“Es la fase actual del Capitalismo”_. Un mundo abominable contra el que multiplicará su lucha la militancia antisistémica del Trabajo. Y cuya primera institucionalización anticapitalista del siglo XXI estará representada por la legalización de la Renta Básica Universal (RBU). 
Como dice Karl Reitter: “_Algunos hablan ya del fin del Capitalismo_”. Y prosigue. _“La Renta Básica persigue una sociedad que garantice de por vida a cada individuo una provisión material básica, sin importar lo que haga o deje de hacer. Una Renta Básica requiere del 25% al 35% del PBI. Que sólo puede financiarse con un aumento de los impuestos sobre los ingresos más altos y a las grandes propiedades. La Renta Básica resta fuerza a la institución básica del Capitalismo: la necesidad del trabajo asalariado. Tenemos que superar tres formas elementales de socialización capitalista: el trabajo asalariado, la condición de mercancía del producto del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción y la tierra. Por lo tanto, una sociedad socialista y comunista también debe aplicar la Renta Básica. Solo como una libre actividad el Trabajo puede convertirse en lo que realmente puede ser: la primera necesidad vital. ¿Qué hay de malo en distribuir el producto total socialmente producido de la manera más equitativa posible entre todos? El trabajo asalariado como modo de integración social no es la solución, sino el problema. Hay algo cínico en hablar de la integración social a través del trabajo asalariado. Es un hecho que la marginación y la exclusión social también se producen en y a través del trabajo asalariado. Una Renta Básica permitiría trabajar realmente para la comunidad sin tener que preocuparse por su existencia, sin que el producto del trabajo tenga que tomar el carácter de una mercancía. La Renta Básica tiene, en efecto, una dimensión ecológica. Es evidente que la naturaleza y el medio ambiente también se sacrifican en el altar del trabajo asalariado. Dado que la economía capitalista, impulsada por la espiral de acumulación dinero-mercancía -más dinero, exige inevitablemente más de “todo”. El movimiento de decrecimiento, que se ve a sí mismo como la respuesta a la catástrofe ecológica que se avecina, tiene sin duda una orientación anticapitalista. Una Renta Básica relativizaría por lo menos la incesante presión por más empleos, más producción, más crecimiento económico, más consumo de recursos. No sorprende que la gente esté mejor cuando sus preocupaciones sobre la vida cotidiana se alivian o incluso se superan. Y una cosa más. Detrás del argumento del subsidio salarial hay una cantidad insana de desconfianza en el individuo. El paternalismo de los sindicatos en particular es enorme. Dar a los individuos el poder de actuar sólo puede terminar de manera problemática a sus ojos. La crisis abre la puerta al Comunismo de lo contrario la vigilancia autoritaria y el Estado policial sobrevivirán al coronavirus”_.

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IV.- *El Capitalismo de Estado como instancia táctica del Trabajo, para estratégicamente terminar con todo tipo de Capitalismo*.
Dice Slavoj Žižek en su último libro Pandemia: _“Trump anuncia una propuesta para hacerse cargo del sector privado. El presidente de los EE.UU. dijo que invocaría una disposición federal que permite al gobierno reunir al sector privado en respuesta a la pandemia, informó la Associated Press. Trump dijo que firmaría un acto que le daría la autoridad para dirigir la producción industrial doméstica en caso de que la necesitemos”_. 
_“Cuando utilicé la palabra Comunismo hace un par de semanas, se burlaron de mí, pero ahora aparece el titular: Trump anuncia una propuesta para apoderarse del sector privado ¿Se puede imaginar un titular así hace una semana? Y esto es sólo el comienzo”_.
Ojalá que esta crisis del Capital sea la última y se transforme en la tumba del Capitalismo para así salvar a la humanidad. Para lo cual el género humano deberá edificar un nuevo modo de producción anticapitalista.
Con la rebelión de Paola Roca echando a miles de trabajadores en plena pandemia, violando el Decreto de Necesidad y Urgencia del presidente que lo impedía, quedó comprobado una vez más, como desde 1955 y definitivamente a partir del año 1974, que se acabó la burguesía nacional. 
Se aproxima el fin de la presidencia de Bolsonaro. La Multitud antisistémica, heredera de la memoria histórica anticapitalista de la clase obrera, será un escollo difícil de superar para la nueva derecha neonazi, no sólo en Brasil sino en todo el planeta. 
En Brasil el Partido de los Trabajadores propuso un Ingreso Básico Universal para 100 millones de personas. Tras el mensaje presidencial de Bolsonaro pidiendo que la población vuelva a trabajar, el ex presidente Lula se pronunció diciendo que Bolsonaro debe renunciar, o hay que sacarlo.
Trump es otro psicópata como Bolsonaro. Que pagará su desprecio por la vida del proletariado, durante la pandemia del CoViD-19, perdiendo su reelección. Trump es la expresión más clara de la inviabilidad del Capitalismo. Un ser que representa a la clase despreciable de la burguesía, dispuesta a que no se detenga su sed de ganancias, así sea a costa de la infección y la muerte descontrolada de la Multitud provocada por el nuevo corona virus. Trump y la burguesía de Estados Unidos creen que tienen políticamente todo bajo control. Pobres imbéciles. Después de pasada la emergencia del CoViD-19 vendrá la rebelión del Trabajo anticapitalista, porque la depresión global del Capitalismo será la más importante de toda su historia.
El gobierno de Alberto Fernández es un ejemplo universal combatiendo la pandemia del nuevo corona virus. Un presidente que privilegió la salud pública y la preservación de la vida sobre las utilidades empresarias.
Para que la política conduzca a la economía, el Estado al mercado y la justicia social a la codicia empresaria, hay que controlar y castigar a los remarcadores de precios y a los patrones que echen a sus empleades. 
El Capitalismo se basa en la multiplicación de la cosificación del intercambio de los vínculos humanos, transformados en trabajo abstracto, colonizándolos como mercancía para que reproducir el Capital. Vale decir, el Capitalismo se expande como un virus que utiliza como huéspedes para su desarrollo la vida de la naturaleza y el hombre. Consiguientemente, el vividor más peligroso para la supervivencia de la humanidad no es el CoViD-19, sino la continuidad parásita del Capitalismo. 
Entre tanto los Estados Unidos palpita el final de su hegemonía. Y en su desesperación busca colonizar nuevos países. Como ejemplo, está el intento fallido de captura del presidente Nicolás Maduro del 3/5/20. Por lo tanto, hoy más que nunca, ante cada provocación o conato de golpe de Estado en Venezuela, hay que respaldar a su gobierno constitucional. Y, por ende, defender la continuidad del presidente bolivariano Nicolás Maduro.
Los capitalistas, todes ellos, nativos y extranjeros, nacionales y transnacionales, en países centrales o emergentes, siempre defendieron su sistema en base a dos premisas: el lucro y el riesgo. Lucrar con la explotación humana para acumular su Capital, y asumir el riesgo de quebrar si no son capaces de garantizar el mantenimiento de la expoliación del proletariado del que viven. Pues bien señores burgueses: el lucro se terminó y el riesgo de que se fundan ahora es una realidad. La humanidad no los necesita más. El planeta requiere que ustedes se extingan. Ustedes han llevado al abismo a la Tierra y son los responsables de infectar el aire, el agua y el suelo. Como a los dinosaurios en la prehistoria ahora les llegó la hora de abandonar la faz del planeta. La robotización, la big data y los algoritmos, la internet de las cosas y la inmaterialización del trabajo, la producción en la nube y la inteligencia artificial, son los presupuestos para fundar el nuevo Comunismo que fueron creados por la Multitud trabajadora. Todo ello permite un ahorro descomunal de la fuerza de trabajo reduciendo en un 90% el desperdicio de energía eco-social si se deja de trabajar sin más sentido que enriquecer a la ociosa burguesía. 
Con la reapropiación Multitudinaria de los medios de producción acumulados como trabajo robado por la patronal y usando el desarrollo de las fuerzas productivas con criterio anticapitalista, para que dejen de ser fuerzas destructivas en manos de la burguesía del Capital, el planeta y la humanidad tienen salvación. Es más, está a las puertas de poder pasar de la prehistoria, que significa la expoliación del hombre proletario por el hombre burgués, a la historia fundada por el ser genérico donde ya no existan más explotados ni explotadores y, por consiguiente, donde todo sea para todes. Tanto los bienes comunes que brinda gratuitamente la naturaleza como los medios de producción, distribución y consumo, creados con el sudor de la clase obrera y campesina y por la Multitud como su clase continuadora, y que por fin volverán a sus dueños a partir de terminar con la democracia puramente indirecta del infame Capitalismo, institucionalizando, en su lugar, la democracia Multitudinaria del nuevo Comunismo.
Basta de naturalizar la explotación del trabajo humano. Quien exprime a un semejante es un miserable. ¡Basta de repetir como un mantra que el trabajo dignifica! Eso es imposible bajo el Capitalismo. No tiene nada de digno, todo lo contrario, laborar para un patrón que se apropia de la plusvalía. Llegó la hora de cambiarlo todo. Y la acelerada y cada vez más profunda depresión económica impulsada por la pandemia del CoViD-19, brinda una inmejorable oportunidad universal para terminar con el Capitalismo ecocida. 
La naturaleza y el hombre están exhaustes. No pueden permitirse el retorno a la vieja normalidad previa a la pandemia o, de lo contrario, la Tierra y la humanidad colapsarán más temprano que tarde. Estamos ante la necesidad de un cambio de cosmovisión. No de una mera modificación de modelo sino de sistema. El Capitalismo no va más para el 95 por ciento de la humanidad que integra la Multitud proletaria. Y del 5 por ciento restante que integra la burguesía, apenas el 0,5% pertenece a la plutocracia capitalista que comanda el mercado mundial, acompañada por el 4,5% de los miserables integrantes de la pequeña y mediana clase social empresaria. Una patronal tan o más explotadora del trabajo humano que la gran burguesía. Unas PyMEs que viven a la sombra del gran Capital y que están condenadas a la extinción, producto de la competencia capitalista que tiende a la concentración monopólica del Capital como demuestran los datos estadísticos de todo el planeta.
En la República Argentina, en tanto reflejo de esta tendencia capitalista universal, transcribimos la información oficial que sustenta la validez de nuestra posición anticapitalista.   
Según el “GPS de Empresas Argentinas”, del Ministerio de Producción de la Nación al 20/6/17, más del 99,41 por ciento o 602.079 de las empresas activas tienen menos de 200 empleados ocupados y conforman el segmento de la Pequeña y Mediana Empresa o PyME; mientras que el 0,58% o 3.547 son grandes firmas. Además, el 72% de la actividad de los establecimientos están concentrados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; mientras que en el Nordeste y Noroeste Argentino apenas significan el 10% empresario.
Del total de las empresas relevadas en 2016, apenas se dedicaban a producir manufacturas 61.471 o el 10,15%. En tanto el 31,4% son comercios, el 10,9%actividades agropecuarias, transporte y almacenamiento 9,26%, servicios científicos y técnicos 6,5%, hotelería y gastronomía 6%, construcción 5%, salud 4,41%, inmobiliarias y servicios de alquiler 4,02%, actividades administrativas 2,9%, ocio 1,73%, comunicaciones 1,6%, enseñanza 1,5%, servicios financieros y de seguros 1,11%, minería y petróleo 0,22%, suministros de agua y gestión de residuos 0,2% y suministro de gas y electricidad 0,12 por ciento.
Total de empresas 605.626. Pequeña y mediana burguesía = 602.079 y gran burguesía = 3.547.
En tanto la Población Económicamente activa (PEA): asalariada y autónoma, cooperativa y desempleada está integrada por 12.473.000 personas. 
Por lo tanto, las clases sociales que integran la economía Argentina = Patrones+trabajadores = Empresas 605.623+PEA 12.47300. Total = 13.078.923. Es decir, que la clase trabajadora es el 95,4 por ciento del total de la economía nacional y la clase burguesa apenas el 4,6%.
Por consiguiente, a les 44.500.000 argentinos los tienen tomades de rehenes del mundo capitalista el 1,3% de la población burguesa. Peor aún. Quienes concentran la mayor riqueza, robada directamente al Trabajo y utilizando el endeudamiento del Estado, que comanda al Capital en la Argentina, está compuesta por 3.547 empresarios. Unos pocos miles que ni siquiera pueden ser denominados como una insignificante fracción empresaria. Y aun así conducen a todo el bloque patronal nativo, respaldados por los medios de comunicación hegemónicos cuyos dueños pertenece a la élite explotadora, aunque apenas sean el 0,007% de toda la población del país. 
En relación a qué estará dispuesta a realizar la Multitud después de la crisis detonada por el CoViD-19, esto será parte de una disputa política. No solo contra la burguesía del Capital, sino al interior de su propio seno. Donde se enfrentarán una Multitud por el nuevo Comunismo contra otra defensora del vetusto Capitalismo. Esto ya fue comprobado, como una dolorosa lección política que aprendió la Multitud antisistémica, luego del colapso capitalista argentino de diciembre de 2001. Una catástrofe del Capital donde se constató que integrar la Multitud no significa que esta sea ontológicamente comunista. Ya que sus integrantes son educados desde la infancia en el principio burgués de sumisión al patrón, continúa en su juventud donde se les machaca el valor de la meritocracia competitiva para escalar socialmente traicionando a su propia clase, y termina rematada en su adultez con la aspiración a llegar a ser explotadores en lugar de desear la emancipación del Capital. Toda esta subjetividad mercantil, construida por la familia, la escuela y del trabajo; y reforzada noche y día por la abrumadora mayoría de los medios de comunicación y la infoesfera, resulta el peor escollo para la Multitud anticapitalista.
Lo que sí resulta evidente, por primera vez en la historia de todo el planeta, es que están dadas las condiciones materiales para instaurar un nuevo Comunismo. En tanto la bancarrota global del Capital resulta la condición indispensable para poder promover un nuevo proyecto civilizatorio anticapitalista. La debacle empresaria es lo que permite que el nuevo Comunismo sea una utopía concretable y no una quimera irrealizable. Y esto resulta lo más relevante. Porque sin ello es imposible que aflore y se profundice, de una forma masiva y global, una nueva subjetividad del poder constituyente comunista de la Multitud.
Sin un contexto de colapso como el actual y la mega depresión económica que se inició en el planeta, que hará de la supercrisis del año 2008 e incluso de la gran depresión de 1929 tormentas menores del Capitalismo, resulta imposible intentar construir el novel Comunismo sobre las ruinas del decrépito Capitalismo. En cualquier caso esto no será producto de la astucia de la razón idealista preconizada por Hegel, sino del materialismo histórico desarrollado por Marx como ciencia del antagonismo. Donde, una vez más, el devenir de la historia únicamente se desplegará a partir de una lucha de clases consciente y, como tal, organizada políticamente entre dos proyectos antagónicos de sociedad: la Comunista versus la Capitalista.
Si se extingue la burguesía la Multitud no pierde nada. Al contrario, se saca de encima a una clase pandémica que infecta al planeta y le succiona la vida al Trabajo. Por consiguiente gana en salud colectiva, conquista su seguridad económica y con ella la certeza de haber salvado al mundo. Es más, así sea que de la economía mundial solo quedaran cenizas, la Multitud proletaria no tiene nada por lo que preocuparse. Ya que como dijo Buenaventura Durruti durante la guerra civil española: _“Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y ese mundo está creciendo en este instante”_.
Veremos quién triunfa. Si la compulsión a la repetición de los comportamientos capitalistas de la Multitud como lo viejo conocido, una forma tanática del goce; o el deseo erótico y el principio del placer edificando una nueva sociedad comunista. En esta lucha cada integrante de la Multitud deberá tomar partido. Consiguientemente, nadie se podrá exculpar de su responsabilidad histórica de no haber enterrado al Capitalismo para salvaguardar a la humanidad implantando un novel Comunismo y, con ello, salvarse a sí mismo siendo parte de una gesta colectiva que sepultó al lucro empresario culpable de la pandemia del infecto Capitalismo.
Ahora que se puso de moda la frase _“El que no trabaja no come”_, para justificar la continuidad del trabajo asalariado capitalista y así aterrorizar a la Multitud si se extingue la burguesía que lo emplea; hay que recordar que esa premisa fue dicha por Lenin como un principio de la constitución de la sociedad comunista. En tanto bajo el Capitalismo con el Pobretariado, es decir el proletariado en la pobreza como tendencia de la patronal, no sólo el Precariado o proletariado en la precariedad, sino del propio Registrariado o el proletariado registrado, ambos, se hacen pobres laborando. Esto significa, mayoritariamente, que les empleados por la burguesía se paupericen trabajando, se alimenten mal, sean subconsumistas y sobrevivan a costa de privarse de casi todos los bienes y servicios creados por el resto de sus hermanos de la clase trabajadora. Por cierto que la situación del Precariado resulta peor que la del Registrariado. En tanto el proletariado en la ilegalidad prácticamente vive en la indigencia, carece de tiempo libre de trabajo como ocio creativo y del propio derecho al descanso reparador de 12 horas entre cada jornada laboral como marca la Ley de Contrato de Trabajo. Y ni qué decir del Excedentariado condenado al hambre, el proletariado descartado o excedente a perpetuidad del empleo asalariado, a cambio de que el Capitalismo siga explotando al resto del trabajo y la clase burguesa siga sobreviviendo en base a la sustracción del trabajo ajeno. 
Para entender correctamente la consigna _“El que no trabaja no come”_ hace falta remontarse a los orígenes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), donde la clase obrera blandía esa consigna contra la clase inservible, improductiva y ociosa de los empresarios. Un proyecto colectivo donde se estaba edificando por primera vez en el planeta el Comunismo, y que fuera  abortado tras la muerte de Lenin en 1924. Por lo tanto hoy, en tanto rige el Capitalismo, la máxima _“Quien no trabaja no come”_, también es un principio anticapitalista de la Multitud productiva dirigida a la vampírica burguesía que sobrevive y se reproduce sin trabajar a costa de succionar la sangre del proletariado a través de la plusvalía. 
Más de un siglo después del inicio de la República de los Soviets: o asambleas de obreros, soldados y campesinos, iniciada en 1917; donde apenas se estaba desarrollando el Capitalismo fordista en las grandes ciudades como San Petersburgo y Moscú; en la actualidad, superado el fordismo, con la expansión de la automatización reemplazando al trabajo vivo, tanto el fabril como en los servicios, que disminuye cada vez más el trabajo necesario como precio del salario a costa de incrementar cada vez más el trabajo excedente productor de plusvalor, deviniendo la ganancia industrial en renta financiera; ahora, _“Quien no trabaja no come”_, se trastoca, para el nuevo Comunismo, en una Renta Básica Universal (RBU) a ser pagada por el Capital a la Multitud. Lo que le garantizaría un ingreso personal y mensual, incondicional y permanente, cuyo valor no puede ser inferior a la línea de pobreza. Permitiéndole no solamente la indispensable ingesta calórica de la Multitud, sino preservándole su salud mental actualmente atacada por la incertidumbre de su supervivencia, en tanto la Multitud planetaria tiende a ser cada vez más pobre, precaria y excedente producto del desarrollo capitalista. Una RBU que constituya un sustrato de vida sin tener la obligación de trabajar para la clase empresarial que la pauperiza, precariza y descarta. Y así poder dedicarse a laborar en lo que le plazca sin tener que depender de un salario cada vez más escaso, intermitente o inexistente, producto de la propia expansión robótica y profundización algorítmica del Capital. 
Si Keynes dijo en 1930, proyectando la productividad del Trabajo bajo el fordismo, subsunción o absorción incompleta del Trabajo en el Capital, que en el año 2030 solo haría falta trabajar obligatoriamente para vivir 3 horas diarias o 15 semanales; actualmente, bajo la hiperproductividad del postfordismo y la completa subsunción o absorción de la naturaleza y la sociedad por y en el Capital; hoy, laborar, apenas irrogaría 1 hora diaria o 5 horas por semana. Un tiempo de trabajo social obligatorio para sustentar económicamente a la sociedad comunista. Un trabajo socialmente necesario donde apenas se labore el 20% del tiempo que se lo hacía antes de la peste del nuevo corona virus. De igual modo que se lo efectúa actualmente desde el inicio de la Pandemia, y donde quedó comprobado que con eso le basta a la humanidad para reproducirse materialmente. 
El SARS-CoV del año 2002, _Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus_, o Síndrome Respiratorio Agudo Severo por Corona Virus, derivó en la previsible mutación del SARS deviniendo en el SARS-CoV-2 o el nuevo coronavirus del año 2019, CoViD-19, o Enfermedad del Corona Virus 2019.  Aun así lo peor todavía no llegó. Ya que si después de la pandemia sobrevive el Capitalismo y se restituye el 80% del tiempo que irroga el trabajo excedente, sumado al 20% del tiempo de trabajo presente que es el único tiempo laboral que resulta necesario para que se preserve la naturaleza y el hombre; entonces, de ser así, el trabajo sobrante, inútil, innecesario, que únicamente se realiza a los fines de reproducir la plusvalía del Capital de la burguesía, agudizará el cambio climático y habrá en el transcurso de esta década la aparición de nuevas bacterias, hongos y virus, que pondrán en entredicho la supervivencia de la mayoría de la humanidad. 
Si hoy el tiempo libre de trabajo es solamente un derecho de la vividora clase burguesa, y un lujo inaccesible para la mayoría de la Multitud hacedora, con el nuevo Comunismo el tiempo de trabajo obligatorio para reproducir materialmente a la sociedad será prácticamente insignificante, donde los humanos habrán conquistado el 96% de su tiempo diario sin tener la obligación de trabajar al haber superado el Capitalismo.
Aquellos proletarios que se preocupan porque si se funden las Pequeñas y Medianas empresas (PyMEs) pierden sus ingresos, no tienen porqué alarmarse. Ya que el cooperativismo vendrá en su reemplazo. Si quiebran las PyMEs es porque carecieron del capital suficiente para poder competir contra los patrones más poderosos. Grandes capitalistas cuyos integrantes también se dirigen a la bancarrota y deberán ser reemplazados por el Capitalismo de Estado. 
Para la Multitud que las PyMEs sucumban es lo mejor que le puede pasar. Ya que la amplia mayoría de estas empresas tienen a sus empleados en la ilegalidad, trabajando un promedio de 12 horas diarias, seis o siete días a la semana y por un sueldo miserable. Porque para las PyMEs esa es la única forma que tienen para producir la suficiente plusvalía absoluta para seguir a flote en el Capitalismo. En pleno siglo XXI la mayoría de estos empresarios le imponen a sus empleados condiciones laborales propias del siglo XIX. Pues bien, con el actual desastre económico les llegó la hora de que se vayan a pique. Un acontecimiento provocado por el propio Capitalismo con el que se enriquecían como pequeña y mediana clase explotadora del Trabajo. La depresión económica en curso los arrasará. Y eso es lo que se merecen por haber sido parte de la expoliación proletaria y confiar en la eternidad del Capitalismo.
Al proletariado no se le tiene que caer ni una lágrima por que se fundan las PyMEs, o sentir ninguna  piedad por la pequeña y mediana burguesía. A estas sanguijuelas, que actúan con criterios típicos del Capitalismo decimonónico, para las cuales no existen las leyes sociales protectoras del trabajo conquistadas durante el último siglo, con sudor y lágrimas, torturas y prisión, desapariciones y muertes de la clase obrera combatiendo al Capital, por lo tanto, para esta burguesía, es tiempo de que colapse sino puede garantizar, si quiera, la reproducción material de la fuerza de trabajo de la Multitud de la que viven. 
¡Basta de mantener capitalistas! Resulta inaceptable que los fondos otorgados para el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) sean inferiores a los destinados a mantener con vida a la burguesía vividora del Trabajo. Todo empleador que no pueda pagar los sueldos de sus asalariados no pude ser empresario. ¡Basta de que el Estado rescate a la burguesía! ¡No al Socialismo burgués! O un Socialismo al revés, donde las pérdidas se socializan y las ganancias se privatizan. Hay que retomar las enseñanzas aprendidas de la crisis capitalista que estalló en diciembre de 2001. A cada empresa que se funda hay que aplicarle la ley de quiebras y utilizar los salarios y las indemnizaciones debidas a sus empleades como un fondo común del Trabajo para capitalizar la unidad de producción fundida por el Capital, transformado la PyME quebrada en una cooperativa de les trabajadores. 
Como la pequeña y mediana patronal no están capacitadas para seguir siendo empresarios tienen que perecer. Les ha llegado la hora de proletarizarse y abrazarse a la dignidad de trabajar que tanto predican. Con la ventaja que ahora los burgueses, a lo sumo, tendrán que laborar tres horas diarias junto al resto de sus ex empleados. Un ínfimo tiempo de trabajo obligatorio para todes, en tanto desaparezca la producción de plusvalía. 
El objetivo estratégico para el Trabajo es instituir una economía basada en la autogestión generalizada donde ya no existirá ningún tipo de Capital, sea tanto  privado como estatal. Porque como ya se enseñaba en la década del cincuenta del siglo pasado en la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista, y ahora resulta aún más pertinente, _“Lo que hace falta es suprimir el salariado”_, _“No resuelve nada cambiar el sistema Capitalista sustituyendo la oligarquía burguesa por una oligarquía burocrática”_, “Eliminado el parasitismo capitalista, las clases desaparecerán ipso facto”_, y _“Así no habrá más burgueses ni proletarios, sino productores funcionalmente organizados”_. Por consiguiente, una completa autogestión cooperativa que al concluir con el patronazgo privado o estatal termina con el trabajo asalariado, la precariedad laboral y el desempleo, a partir de derogar la producción, circulación y acumulación del plusvalor como Capital o bienes de producción privados de la burguesía o el Estado, en base a la expropiación del producto laboral que permite el empleo asalariado cuya inherente contracara es el robo del Trabajo excedente o no retribuido al proletariado. 
Ante la peor depresión capitalista de todos los tiempos, estas son las tres premisas para esta década: 
*1*) Contra las empresas de la gran burguesía Capitalismo de Estado.
*2*) Contra las firmas de la pequeña y mediana burguesía Cooperativismo de la Multitud.
*3*) Y para garantizar la vida económica de la sociedad establecer la Renta Básica Universal (RBU).
Compañeres, para concluir, como dijo Mao Tse-Tung _“Hay un caos absoluto bajo el cielo; la situación es excelente”_.

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.Foto: segundo enfoque

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben

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