NO A LA REFORMA Movimiento de Educadores por la Paz de Uruguay

Nota: Maestro Víctor Brindisi y el
Movimiento de Educadores por la Paz – Uruguay.
(IPB) – Buró Internacional de la Paz – América Latina.

NO A LA REFORMA: MÁS VIOLENCIA NO ES LA FORMA 

Documento de análisis del proyecto de reforma a plebiscitar el 27 de octubre y propuestas alternativas para combatir la inseguridad. 

El próximo domingo 27 de octubre, junto a las elecciones nacionales, se pondrá a consideración de la ciudadanía un proyecto de Reforma Constitucional, denominado “Vivir sin miedo”. Esta iniciativa que consideramos inconveniente para la sociedad uruguaya pretende introducir en la Carta Magna propuestas para, presuntamente, dar respuesta a fenómenos sociales que no son exclusivos del Uruguay y que tienen sus raíces profundas en las desigualdades e injusticias que caracterizan las actuales relaciones económicas, políticas y sociales en Uruguay, en los países de América y a nivel planetario. También el fenómeno del consumo problemático de drogas y el narcotráfico se han instalado como hechos compartidos a nivel mundial lo que nos obliga a pensar globalmente y a la vez actuar localmente. 

La primera reflexión que surge tiene que ver con el rango a otorgar a las medidas propuestas, la Constitución no es una norma cualquiera, es la que sienta las bases del funcionamiento de la nación y por lo tanto no es razonable incorporar en ella aspectos o propuestas que pueden ser objeto de leyes comunes que se van modificando en la medida que cambia la realidad. 

En términos generales la reforma propone: 

– más severidad en las penas 

-menores garantías a los hogares y familias 

– menor atención a los procesos de rehabilitación penitenciaria 

– militarización de los servicios policiales. 

Todas medidas probadas y fracasadas a nivel internacional que se concretarían en cuatro incorporaciones al texto constitucional: 

a- Agrégase al artículo 11 el siguiente inciso: “No obstante, la ley podrá regular el allanamiento nocturno, para los casos en que el Juez actuante tenga fundadas sospechas que se están cometiendo delitos”. 

b- Establece que quienes fueron condenados por determinados delitos no gozarán de ningún instituto que permita su liberación antes del cumplimiento de la pena en su totalidad. 

c- Establece pena de reclusión permanente (cadena perpetua), que podrá ser revisada por la Suprema Corte de Justicia por su libertad luego de cumplidos 30 años de reclusión. 

d- Establece, con mayoría de 2/3 de ambas cámaras, la creación de una Guardia Nacional, con integrantes de las Fuerzas Armadas, hasta integrar 2.000 efectivos, para cumplir de Seguridad Pública interior en todo el territorio de la República

Todas estas medidas promueven la represión, la pérdida de garantías, el mayor castigo a los delitos, la intervención de los militares en la sociedad y no ofrecen ninguna acción para superar las causas profundas de la violencia en la sociedad. 

El miedo, la represión, la pérdida de dignidad y el renunciamiento a la protección por parte del Estado al hogar y la familia no es la forma de superar la violencia fáctica de raíz estructural, nunca lo fue. La violencia del Estado genera más resistencia y violencia en la sociedad, no disuade a los delincuentes sino que los vuelve más violentos y los aleja de la posibilidad de rehabilitación. 

Por ello las medidas planteadas en la reforma serían ineficientes y carecerían de efectividad, quien se ha criado y desarrollado en situación de violencia estructural y de su entorno cercano, no valora la vida, el sufrimiento, el trabajo, la delincuencia y las formas de la convivencia de la misma manera que quien ha tenido oportunidades en la vida, a través de la educación y la estabilidad económica. Brindar esas oportunidades sería incluso más conveniente desde el punto de vista económico que mantenerlos toda la vida entre rejas. 

El aumento de las penas no disuade a los delincuentes: En Estados Unidos existe la cadena perpetua y la pena de muerte; sin embargo es de las sociedades más violentas donde se producen masacres en escuelas y lugares públicos y donde se desprecia el valor de la vida. La amenaza de penas mayores no disminuye la inseguridad sino que vuelve más agresiva la actitud de los delincuentes. 

Los militares no pueden realizar tareas de la policía: Los militares están formados para matar o morir en el enfrentamiento con agentes de otros países y no para disuadir promoviendo el orden social. Su forma de reaccionar está condicionada por la formación que reciben y por lo tanto cuando se enfrentan a una actividad delictiva no van a graduar su respuesta sino que aplicarán el máximo de su capacidad de agresión. 

Al eliminar la reducción de penas se desestimula la posibilidad de rehabilitación, ya que haga lo que haga el recluso permanecería el total de tiempo de la sentencia. 

El cambio que se necesita es cultural, por lo tanto requiere la acción de múltiples actores sociales que por un lado aborden la realidad de personas que ya están en conflicto con la ley, compatriotas que necesitan una salida que les brinde oportunidades y condiciones para recomponer sus vidas y por otro, pensando en el mediano y largo plazo, una extrema protección de nuestra infancia en situación de vulnerabilidad, cantera de violencia con historias de vida que repetidamente culminan en estructuras de personalidad con patrones de incivilidad. 

EL Movimiento de Educadores Por la Paz Uruguay, confía en que la educación y la re- educación en clave de cultura de paz, es lo que la sociedad necesita para repensarse y reconstruirse. Muchos hombres y mujeres necesitan la oportunidad y el apoyo para encausar su vida, replantear sus acciones, la pena de reclusión permanente nos aleja de ese fin, cierra caminos, aumenta el rechazo, la intolerancia y el odio. Los seres humanos tenemos la posibilidad de reinventarnos reconstruirnos, solo necesitamos del empuje, de la posibilidad, fundamentalmente de un otro que acompañe. 

Pero atención, como nos recuerda Julio Castro esto no puede hacerse desde una actitud de soberbia y de superioridad etnocéntrica: 

“El hombre que vive en un nivel muy bajo, tiene otra actitud frente a la vida que nosotros. Sus necesidades no son las nuestras; su concepción del mundo tampoco. Su escala de valores –que también la tiene– es ajena, absolutamente a la que nosotros hemos adoptado. 

Durante muchos años, la tarea en toda empresa de recuperación social, ha consistido en transferirles a ellos lo que nosotros consideramos como más importante. Contra la ignorancia, el alfabeto; contra la mugre, el precepto higiénico; contra la haraganería, el himno al trabajo. Planteando situaciones de contraste hemos querido fomentar la actitud correctiva. Y hemos fracasado.” (En la Carretera Melo – Aceguá. Marcha, mayo de 1956) 

La evolución de la cultura en las sociedades no ocurre por la mera voluntad de uno u otro sector o instituciones de la misma sino que es el resultado de un sistema de vectores que interactúan en forma dialéctica produciendo corrimientos en función de la correlación de fuerzas y capacidad de incidencia de las mismas. La familia, el entorno social cercano, las instituciones educativas, los medios de difusión, los sistemas de regulación social y las voces que difunden mensajes performativos constituyen un entramado, no exento de contradicciones, que deriva en el predominio de visiones, valores, costumbres, hábitos, comportamientos y formas de convivencia. 

Pregonamos la paz y la armonía, legislamos para vivir sin miedo pero vivimos la contradicción de estar en una sociedad violenta, atravesada por diferentes formas de violencia y que legitima la violencia. Vivimos en una sociedad que legitima los discursos tóxicos cargados de prácticas cada vez menos humanas y cada vez más marketineras, que ha sembrado la intolerancia y la ignorancia, que tolera y estimula ciertas formas de violencia y que no reconoce la que subyace en las desigualdades y desventajas en la que nacen las personas que se quiere castigar. Es por ello que creemos fervientemente en la educación, en la que hacemos todos, cada uno de los miembros de la sociedad uruguaya, en reformular los 

métodos para que la educación sea un camino que se invente y se reinvente, un transitar que nos transforme, que nos una y nos humanice cada vez más. 

Cuando preguntamos a alguien si hay violencia inmediatamente surge la afirmación que hace referencia a experiencias personales o cercanas , que le robaron a este… o que asaltaron a aquel…, pero difícilmente se hable de que hay violencia en la discriminación, que hay violencia en los hogares, que hay violencia en los vínculos cotidianos, que hay violencia de género, que se promueve el individualismo, que hay pobreza, que hay niños en situación de abandono, que el cine, las seriales y los informativos naturalizan la violencia. 

No se reconoce en nuestra sociedad la violencia simbólica fruto de la imposición de significados, de la naturalización de las desigualdades e injusticias, del consumismo, de visiones y puntos de vista que nos son ajenos pero que son vehiculizados por medios de gran penetración. 

MARCHA CONTRA LA REFORMA MONTEVIDEO URUGUAY

La verdadera solución: promover una plataforma social de Cultura de Paz cuyo referentes son la dignidad humana en todos las etapas de la vida, y los derechos humanos integralmente. 

Está demostrado que hay etapas claves en la formación de la personalidad básica y en el condicionamiento del potencial intelectual y consecuentemente en la capacidad de reflexión ética. 

El número de nacimientos en Uruguay es bajo. Tenemos pocos niños y no somos capaces de cuidarlos suficientemente. Cada año nacen alrededor de 47.000 niños. De acuerdo a las estadísticas 12 mil vivirán en hogares pobres, 5 mil tendrán una talla menor de lo esperado, 14.500 padecerán anemia al llegar a los dos años y un tercio, es decir unos 16 mil presentaran problemas de retraso de desarrollo. Resolver estos problemas tiene un costo, no resolverlos tiene un costo mucho mayor y repercusiones en lo educativo, en la inserción social y en la convivencia. 

Por estas realidades junto al tratamiento humanizante de quienes pagan su deuda con la justicia y la sociedad se requiere la detección temprana de situaciones de violencia familiar, abandono, explotación infantil, deficiencia de alimentación, falta de estímulos y carencias en el entorno afectivo. 

El 62% de los presos, unos 2.000, que salen anualmente, vuelven a ser detenidos. 

del 40% de la población carcelaria tiene el límite de la educación primaria, la mayoría sin terminar. Ignorar que su pronóstico está directamente ligado a la biografía escolar es negar la evidencia empírica, pero lo educativo no alcanza hay que pensar el conjunto de acciones que permitan superar la anomia social, ese sentimiento de no pertenencia a una sociedad de expulsa, no provee, segrega y descuida. 

Los seres humanos no nacen delincuentes ni violentos, algunos en determinadas condiciones se hacen delincuentes, se vuelven violentos, desprecian la vida y al prójimo. La ausencia o abandono familiar, la pobreza, la ignorancia condenan a algunas de estas personas 

a una conducta que se pone en conflicto con la convivencia . Las políticas de seguridad respecto a prisiones deben ser políticas socio-educativas que atiendan al fortalecimiento ético y la inserción, en el campo laboral de la población carcelaria. La educación no puede cambiar las relaciones sociales y económicas, pero sí puede contribuir a que los cambios que se producen sean en una dirección emancipadora. Los seres humanos tienen la posibilidad de rehabilitarse, reconstruirse, se necesita el empuje de toda la sociedad para lograrlo. 

Hay subculturas en nuestras comunidades que comparten referentes en torno a la convivencia que no son compatibles con la evolución de nuestra sociedad, que entran en conflicto con patrones y formas de vivir en libertad, paz, armonía y respeto. Ellas se fueron conformando en procesos de deterioro de las condiciones de vida, pérdida de dignidad y trayectorias de deshumanización que se perpetuarán de generación en generación en tanto no haya una intervención decidida y coordinada de los agentes del Estado. 

Por ello reafirmamos que no es el miedo, no es el incremento de las penas, no es la militarización de la sociedad, no es la violencia del Estado la solución a la inseguridad. No hay soluciones mágicas, solo el compromiso colectivo puede cambiar la sociedad para lograr justicia, igualdad y participación democrática. 

Sostenemos que la solución, lejos está de la aplicación de mecanismos represores y de militarización de la seguridad, sino que se encuentra en el aunar fuerzas para construir realmente, y no solo en discursos, una sociedad más justa, más solidaria, más sensible a las realidades todas y, por sobre todo más igualitaria. 

NO A LA VIOLENCIA.- NO A LA REFORMA.- SI A LA CULTURA DE PAZ. 

Fotos: 1 EFE – Raúl Martínez —- 2 Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.


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