Cuentos Latinoamericanos para pasar la Cuarentena

Continuamos hoy la serie de cuentos de escritores Latinoamericanos Para Pasar la Cuarentena con el escritor Paraguayo Amadeo Galeano

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Amistad en tiemposde Guerra

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La brisa acariciaba lentamente las hojas,  que con llantos sabor a sabia, caían estrepitosamente al suelo. Las Ráfagas estridentes de las armas que ultrajaban sin desvarío el silencio del obscuro y denso monte, hacían tiritar hasta al más feroz de los mortales. El paso del regimiento aliado, conformado por 20.000 soldados, más el zumbido que provocaba la caballería, indicaban que las puertas del infierno estaban cerca, 3500 niños y 1500 adultos dispuestos a morir por la causa, lo determinaban así.

La arcilla moldeaba su forma rotunda en pequeñas masas ovaladas a través de dos pares de manos pequeñas, frágiles, infantiles. Eran las de Juan y Carlos., dos niños creando proyectiles para ir a cazar con la horqueta del guayabo y la goma china.

Dos hermanos con cuatro años de diferencia 10 y 14 respectivamente, pero tan amigos que no importaba cuán grande o cuan chico era el uno o el otro, hasta resultaba innecesario el vínculo consanguíneo, más que la hermandad del alma;  solo sabe el creador cuan amigos eran los hermanos, solo sabrán ellos la pureza afectiva que lo sostenían contra viento y marea. 

El círculo familiar se limitaba netamente a ellos y su padre Cándido, ya que la madre partió a la eternidad al nacer Juan; una infección y la escasez de medicamentos los convirtió en huérfanos de madre y a Cándido, en viudo. Desde entonces nada resultó fácil, hasta la vida misma se tornó difícil. 

La pujanza y la voluntad inquebrantable de Cándido, convertirían a estos dos niños en altruistas infranqueables, amantes de la libertad, haciendo honor a ella en sus andanzas. 

En aquellos tiempos los rumores de incursiones de Tropas aliadas a nuestro territorio eran corrientes, ya nadie se asombraba de tal noticia. Era una Triple Alianza, un contubernio infame y desleal como toda guerra. Una coyuntura Política mal enfocada en donde la población debía pagar hasta con sus vidas.

Ya la noche concebía sus primeras sombras. La quietud del campo denotaba la profunda congoja de familiares y vecinos cuyos parientes ya no se encontraban por aquellos lugares, pues la reserva permanente de nuestro país debía defender varios flancos, en consecuencia los mismos debían dejar hijos, esposas, padres, madres y alistarse en defensa de la Patria. Juan y Carlos desconocían la situación real por la que pasaba la nación, no así Cándido, que estaba bien informado de los hechos. 

Las estrellas iniciaban su retorno a la obscuridad dejando brillar una vez más al sol. La rutina del día era lo normal, giraba entre la limpieza de cultivos de autoconsumo y juegos típicos de la niñez. 

Un Regimiento Paraguayo, avanzaba por las campiñas lentamente, comunicando que por decisión del General Francisco Solano López, todos aquellos que puedan portar un arma, deberán prestar servicio y alistarse a las tropas a fin de defender el territorio Paraguayo. La llegada al Poblado del Regimiento encargado de enrolar, era cuestión de días, ya la preocupación se instauraba en la mente de Cándido debido a la inminente decisión irrefutable de que sus dos hijos irían directo al peor lugar que un padre desearía ver a su hijo. Una Guerra donde irían niños al frente era el portal a la muerte segura. 

El día indeseado estaba en puerta, el sol era joven aun, el viento soplaba lento, pero tan frío que nadie estaba despierto, se oye el sonido de una corneta con la melodía propia de atención, en ese instante el Teniente Ramírez golpea la puerta del rancho, anunciando la orden del General López.

La misma era de cumplimiento obligatorio y la negativa, el fusilamiento. No había opción, aquellos niños que solo cazaban animales pequeños, que entre días cultivaban y ayudaban al padre a subsistir, aquellos hermanos amigos, debían ofrecer sus vidas, Cándido debía acceder a las determinaciones del Gral. 

Antes de la Partida, El Teniente Ramírez ordena a Cándido:

— Alístate, tú también vendrás con tus hijos —

 —¡A su orden mi Teniente! — contestó Cándido, aliviado y eufórico. 

La decisión del Teniente determinaba que por lo menos en el peor de los casos, todos estarían juntos al final del umbral de la vida. 

Ya al frente de batalla, entre las tormentas de fuego y las balas que sin desquicio alguno terminaba en los cuerpos de aquellos niños y adolescentes, que caían como hojas en otoño, cuyas sangres curtían la fresca tierra; dos hermanos amigos, niños al fin, que se posicionaban atrás de un padre que como lobo feroz atacaba a aquellos que querían despojarlo de su tesoro más preciado, sus pequeños hijos. 

Lo ineludible estaba presto a ocasionar el dolor, una bala certera en el corazón de Cándido desplomó la muralla de Juan y Carlos, sus miradas viendo caer a la única protección que tenían en sus vidas eran desoladoras, desesperación, miedo, lágrimas. Que más podrían hacer dos niños en una contienda atroz. La segunda impacta en Carlos, ya la obscuridad se apoderaba de todos, la masacre llegaba a su fin, en ese instante y con los últimos soplos de vida Carlos levanta la mano, buscando el rostro de su amigo, más que su hermano, su amigo; susurrándole:

— Solo déjate caer al suelo, que yo te salvaré —

Juan reacciona inmediatamente y Carlos con las últimas fuerzas que poseía, tiende su cuerpo por encima de él haciéndolo parecer muerto. Un último suspiro hecho palabra, un balbuceo del alma tal vez, una mirada confusa pero en paz, una lágrima descendiendo en una mejilla sucumbiendo en otra mejilla, una entrega celestial entre dos amigos.Pasaron horas y mientras los aliados juntaban los cuerpos infantes para incinerarlos, Juan mueve el cuerpo inerte de Carlos, esperando el momento para salir de aquel escenario infernal. ¡Logra al fin!, correr por un sendero boscoso hasta donde las piernas respondían, con las últimas lágrimas que su cuerpo generaba y con la gratitud eterna hacia Carlos, un amigo a quien debe la vida. Un eterno amigo hermano.

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. 1er Premio Concurso Nacional de Cuentos Cortos Centro Cultural de La República El Cabildo 2017

Imagen: Artista:  Jozef Israels

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.

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