Donbass, la guerra de los fantasmas en el corazon de Europa

Entrevista a Sara Reginella - Psicologa - Periodista - Fotografa - Documentalista  - 

El mundo transita un cambio hacia la multipolaridad, dejando atrás la hegemonía militar y económica de los Estados Unidos, que mucho tuvieron que ver en este conflicto entre Rusia y Ucrania. Sobre este conflicto, Diario La Humanidad te muestra otra mirada, en una entrevista exclusiva con la documentalista y escritora Italiana Sara Reginella, quien desde el año 2014 viene trabajando desde el terreno en Donbass.

Sara además de mostrarnos una realidad que los grandes medios no mostraron en aquel momento, nos da su visión como psicóloga, del sufrimiento que atraviesa la población civil en medio de un conflicto y en este caso de la persecución de sectores fascistas. 

En esta entrevista con Sara Reginella hablamos sobre los antecedentes, la situación político social en Ucrania, sobre los interés de Estados Unidos en este conflicto, sobre la guerra entre Nagorno Karabakh y Azerbaijan y finalmente su visión sobre cuál podría ser el desenlace de este conflicto.

Me enteré del conflicto en Ucrania en 2014, por pura casualidad. En Europa no se mostraron los primeros meses del conflicto, hubo una censura casi total.

Un contacto ruso mío me mostró algunos videos de la guerra en Donbass. Cuando se las mostré a mis amigos, me dijeron que esto no podía ser Ucrania porque nadie hablaba de eso, probablemente eran imágenes de Siria o Libia. Así que me puse en contacto con compañeros psicólogos de la Universidad de Rostov-on-Don y fui a campos de refugiados y Donbass, para ver con mis propios ojos lo que realmente estaba sucediendo. Descubrí la tragedia de una guerra nacida después de otro caso más de “exportación de democracia” por parte de Occidente. De hecho, a finales de 2013, los políticos occidentales incitaron al pueblo ucraniano a rebelarse contra un presidente elegido democráticamente.

La rebelión fue agitada y dirigida por sectores neonazsi y cuando las regiones de Donbass, al este de Ucrania, se rebelaron contra todo ello, proclamando un referéndum en las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, el gobierno ucraniano respondió con las armas.

La guerra ha durado ocho años pero se ha producido una escalada del conflicto cuando, en los últimos meses, la Federación Rusa ha pedido en repetidas ocasiones el fin del expansionismo de la OTAN en las ex repúblicas soviéticas, pero Estados Unidos ha respondido con fondos adicionales para armas a Ucrania.

La gente en Europa no tiene claro cómo llegamos tan lejos.

Por eso, a lo largo de los años siempre he tratado de dar mi contribución para informar, tanto a través de la realización documental como a través de la redacción de un libro, para testimoniar la tragedia que vi en mis tres viajes a Donbass.

La realidad sociopolítica de Ucrania es compleja, pero quizás lo que más me inquieta es la forma en que se han silenciado las voces de los disidentes a lo largo de los años. En 2016 conocí y entrevisté a refugiados políticos obligados a huir a Rusia para proteger sus vidas. Me parecía imposible que en el corazón de Europa alguien se hubiera visto obligado a huir de su país por motivos de seguridad. Desafortunadamente, las noticias de los últimos días aún no son tranquilizadoras.

En 2015 se prohibió el Partido Comunista de Ucrania y en los últimos días también se prohibieron otros partidos de izquierda, para evitar cualquier disidencia.

En Europa, se aplaude al presidente ucraniano y se minimizan o niegan los aspectos sociopolíticos relacionados con el conflicto actual. No se menciona que nazis como Stepan Bandera se convirtieran en héroes nacionales, ni se menciona el papel que desempeñaron organizaciones extremistas como Pravy Sektor durante el golpe de estado en Kiev o durante la masacre del 2 de mayo en Odessa.

En Europa, casi nadie ha visto nunca las imágenes de la guerra en Donbass o las que muestran cómo actuaron las fuerzas extremistas en Kiev u Odessa.

Por eso, además de preocuparme por la situación en Ucrania, me preocupa la democracia en Europa. Mi labor informativa continua en estos ocho años ha estado encaminada a contribuir a mantener voces alternativas más allá de la narrativa de los grandes medios. En este sentido, me muevo en una dirección pacifista, porque creo que Ucrania no debería elegir entre Rusia y el mundo occidental. En un mundo multipolar, las relaciones deberían ser buenas con ambas partes, pero evidentemente no todo el mundo piensa así.

Estados Unidos parece tener fuertes intereses en acabar con un mundo multipolar. Vivo en una ciudad del centro de Italia y recuerdo cómo hasta 2014, muchas empresas de mi zona se beneficiaron de un próspero comercio de exportación de artesanías con la Federación Rusa.

Con el estallido de la guerra en Donbass y la anexión de Crimea a Rusia, las sanciones resultantes crearon inevitablemente una reacción violenta que sufrieron las empresas italianas. Personalmente, creo que las sanciones son una herramienta inmoral y deplorable.

La situación empeorará, ya que las buenas relaciones de los países europeos con otros mercados son vistas como una amenaza por parte de EE.UU. No es casualidad que en los últimos años Estados Unidos se haya opuesto a la Ruta de la Seda que, al mejorar las relaciones entre China y Europa, habría hecho que el papel de EE.UU. fuera cada vez más periférico.

Entonces, para asegurar la hegemonía estadounidense, Europa se suicida, los permisos para el oleoducto NordStream 2 siguen bloqueados y las sanciones a Rusia matarán de hambre a nuestros países.

La situación es dramática y hay que trabajar para crear conciencia en la población europea parece, pero es muy difícil, porque muchos medios insisten en satanizar a países como Rusia, China y Venezuela que no se someten a EE.UU.

Durante el conflicto de Nagorno-Karabaj, Rusia mostró su voluntad de mantener buenas relaciones tanto con Armenia como con Azerbaiyán, los dos países involucrados. Después de la guerra de 2020, luego de un acuerdo de alto el fuego negociado por el presidente Putin y firmado entre Armenia y Azerbaiyán, Rusia aumentó su influencia en el Cáucaso, a través de tropas de mantenimiento de la paz desplegadas en la región del conflicto. En este contexto, la propia Rusia ha jugado pues un papel clave para garantizar la paz, pero lo cierto es que su desequilibrio habria podido provocar una escalada con el encendido de una mecha tan peligrosa como la del caso ucraniano.

Mi esperanza es que se siga el camino diplomático, pero lamentablemente Europa está fomentando las armas a Ucrania y esto no es una señal de paz.

En Italia estamos asistiendo a un fenómeno surrealista: hay muchas manifestaciones por la paz en las que hay gritos en los escenarios por el armamento de Ucrania, este es una contraddicion. Hay un fuerte odio hacia el mundo ruso que me asusta.

Cualquiera que intente mostrar otro punto de vista es ridiculizado. Siento que estamos perdiendo nuestra libertad, pero mucha gente quiere entender lo que realmente pasó, me escriben para agradecerme por mi libro, por mis documentales, entonces sé que debemos seguir luchando, muchas conciencias están despertando.

Mientras tanto, espero la paz y una solución diplomática, pero con la convicción de que sin la verdad no puede haber mediación.

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Sara Reginella –Psicologa – Periodista – Fotografa – Documentalista –

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben

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