Ecuador: 4 Parte. Diario de una Pandemia

AME308. GUAYAQUIL (ECUADOR), 04/04/2020.- Ataúdes de cartón son almacenados este sábado en la terminal terrestre de Guayaquil (Ecuador). El Municipio de esa ciudad, la más castigada de Ecuador por el coronavirus, ha donado 1.500 cajones de cartón compactado para paliar la escasez de ataúdes en la ciudad. EFE/ Alcaldía de Guayaquil/ SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS

Nota: Cristian Avecillas – Poetra- Escritor – Guayaquil – Ecuador

Hermanos míos:

Qué es lo que hace un poema ahora que se mueren tantos? Cuestionarnos y decirnos: “¿todavía tienes una madre? Entra ya”.
Si tu madre ya no vive, tienes que volver a casa porque eso es lo que ella te diría, cuidándote, tal como lo hizo alguna vez: quedarte en casa es la única manera que tienes ahora para honrarla.
Y si tu madre aún vive, tienes que volver y entrar en casa, entrar a amarla, sentirte flor al lado de ella, llenar el molde hueco de tu espejo roto con lo que ella todavía anhela para ti. 
¿Qué es lo que hace un poema ahora que nos mienten tanto? Decirnos la verdad:
Que los mayores se mueren buscando un poco de aire y los niños se mueren oliendo esos cadáveres. Que escribir sobre el dolor, no exorciza el dolor, pero al menos ya no lo cargamos tan a solas. Que, carajo, esta ciudad no se ha rendido. No. Y aunque ahora estamos llorando a nuestros muertos, también estamos cuidando a nuestros niños, también estamos compartiendo nuestras provisiones, también estamos preparándonos para la reconstrucción.
¿Qué es lo que hace un poema ahora que ya hemos sido igualados ante la muerte? Decirnos que, si hacemos lo que debemos, somos héroes. 
Por ejemplo, mi amigo José es un héroe. Desde hace cuatro años es policía. En ese lapso, ha combatido y ha vencido al hampa. Por cumplir su deber, ya ha recibido algunas condecoraciones, aunque la condecoración que de verdad quisiera recibir es la de: “salir vivo de esta”.
Ahora tiene que limpiar las calles, pero no de delincuentes sino de cuerpos tirados; sin embargo, la sensación de amenaza es casi la misma: “antes no sabías qué delincuente te podía disparar y matarte, ahora no sabes qué cadáver te puede contagiar y matarte”. José es un héroe: ha visto morir, ha visto el espanto, y a pesar de que en cualquier momento puede contagiarse, continúa patrullando.
“Se hace un turno y se descansa los siguientes tres turnos; no hay franco para nadie. Estoy cansado, he visto de todo pero no importa lo que yo sienta, hay que seguir”. Me dice con la voz cada vez más baja, refundida. Pero a José nadie va a erigirle un monumento, es de tropa, solo obedece. Sin embargo, el poema sabe que José es un héroe: en su día a día ya es nuestra leyenda:
“Es una locura lo que estamos viviendo los uniformados, se me eriza la piel: en dos días el virus se llevó a mi sargento. Yo lo vi toser, su cuerpo estaba tan débil que parecía que tenía un ataque, brincaba y brincaba. Al día siguiente, falleció”.
Sí, todos somos héroes, por ejemplo mi amigo Alex. Desde hace dos años trabaja en una cadena de supermercados como perchero. Por realizar su trabajo ha obtenido algunos beneficios, por ejemplo el año pasado pudo sacarse un televisor con las utilidades que le correspondían, aunque el beneficio que de verdad quisiera recibir es el de: “no perder mi trabajo”.
Todos los días se levanta a las cuatro y media de la mañana para ir caminando al local porque “no nos dan movilidad y, como tampoco hay buses y el taxi es muy costoso, tengo que caminar para atender a los clientes desde las siete”.
“El día domingo, una compañera cajera tenía los síntomas, y aunque estaba protegida con guantes, mascarilla y cumplía todas las normas de seguridad, igual estaba trabajando al lado mío, igual seguía cobrando y en contacto con los clientes, manejando billetes, en caja. Recién el lunes le dijeron que se quede en casa en cuarentena. Antes no, porque hubiera perdido su trabajo”. Me dice con la voz cada vez más baja, refundida. Pero a Alex nadie va a cantarle una oda, es solo un trabajador, solo obedece. Quizás llegue a ser el empleado del mes y no engrose la lista de despidos masivos. Pero el poema sabe que Alex es un héroe: en su día a día ya es nuestra leyenda:
“Un día le dije a mi jefe que no nos alcanzan las bonificaciones para movilidad que nos dan; no dijo nada, me mandó a trabajar. Al mediodía vi a un hombre de unos sesenta años sacándose la mascarilla para atender una llamada telefónica. Yo lo vi; mientras hablaba comenzó a toser sobre los cartones de leche, sin mascarilla. De inmediato, limpié todo con mis propias manos para no exponer a los clientes”.
Sí. Esto que vivimos nos iguala a todos ante la muerte y ante la hazaña, porque ahora hacer lo cotidiano es una hazaña.
Todos somos héroes. Por ejemplo Zoila, que ayer despidió la vida de su padre mirando desde lejos un contenedor, ya está en casa, junto a Luz María, su mamita. No le ha dicho toda la verdad porque decírsela la mataría: es diabética e hipertensa. Solo la ayuda a llorar, y de vez en cuando salen juntas al patio, creyendo que algún día esta pesadilla acabará. 
¿Qué es lo que hace un poema ahora que estamos todos encerrados en la misma pesadilla? Decirnos: “el horizonte está en el patio, ya no necesitas irte más allá”.
Hasta la poesía siempre,Y desde la poesía ahora.

Foto: Las autoridades en Ecuador entregando Ataúdes de cartón (EFE)

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.

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