Aproximaciones de la política estadounidense para Latinoamérica bajo el mandato de Joe Biden

Nota: Carlos Matute – Caracas – Venezuela

 Cómo los cerdos harán chiquero en su patio trasero.

No hay nada seguro en la política exterior estadounidense para el continente. Sin embargo, el que se desmarquen del diseño Trump, implicaría un cambio estético y discursivo, manteniendo la estrategia injerencista que los ha caracterizado. Veamos un breve esbozo de parte de la realidad política continental que nos toca vivir para estos días. 
Los Estados Unidos abren el 2021 con un nuevo presidente. El bipartidismo por primera vez mostró realmente que existe un lobby detrás de ellos, que más allá de demócratas y republicanos hay hilos que mueven la agenda del país. 
Para intentar dilucidar cuál será la política exterior para Latinoamérica bajo el mandato de Joe Biden, es necesario graficar un poco lo que ocurrió con Donald Trump y las trampas que se tejieron para quien ahora es considerado por los más malos, los más asesinos, los más injerencistas, como el peor presidente de los United States.
Sin duda alguna Trump rompió todos lo estereotipos de los gobernantes que han pasado por la Casa Blanca. 
Aún siendo descendiente de migrantes mostró la necesidad de reconstruir la América del Norte bajo la premisa del American Way Of Life. Para ello, arremetió contra la vieja política gringa en todos los sentidos, marcando por primera vez un hito y acercándose peligrosamente a los odios internos de esa nación, situación que se mostró más claramente los últimos días de su gobierno, cuando los denominados patriotas se mostraron abiertamente claros de que estados unidos es un país altamente politizado y que es probable que algún grupo militarista un día inicie una masacre para desatar los demonios que se mantienen cabizbajos desde la guerra civil entre el norte y el sur. Además de ello, utilizó a su antojo a los pseudo líderes de nuestro continente para demostrar que la política proyanqui por estos lares es arrastrada y capaz de hacer lo que sea para lograr sus objetivos mercantilistas. 
Desde Piñera, pasando por Macri, Duque y Bolsonaro, Trump logró demostrar que la derecha del continente es muy imbécil y nefasta pero que sin dudas, eso la hace más peligrosa para los luchadores sociales. Lo que no hizo Trump en su país, lo hicieron quienes reciben gruesas pacas de dólares de la National Endowment Of Democracy y otras agencias estadounidenses. Y para despecho del Departamento de Estado y la industria armamentista del país, no inició ninguna guerra o promovió alguna invasión, aún cuando y siendo presidente de la potencia guerrerista que es, debió una que otra vez, apretar el alicate en Siria e Irán. 
Lo que hizo Trump fue muy bien leído tanto por republicanos como por demócratas, y desde allí, fueron armando una fórmula totalmente contraria para poder ir ganando adeptos, sobretodo en Latinoamérica, el patio trasero. 
Así, quien con tono sarcástico se mostraba abiertamente misógino, racista , xenófobo, fue siendo rechazado por un progresismo que sienta sus bases en el consumismo, los lobbys que gobiernan Estados Unidos, vieron  la oportunidad de oro de poder disfrazar aún mejor sus planes, haciendo uso de un evidente hipócrita saludo a las grandes minorías, incluyéndolas en su discurso e incluso, permitiéndoles entrar en su tren de gobierno. Esto, ha hecho que la izquierda light global aplauda al nuevo piloto de Washington, sin analizar más profundamente lo que realmente ello significa. 
Biden jamás ha negado sus vínculos para con el continente. De hecho, en los ocho años de gobierno de Barack Obama, en los cuales fungió como Vicepresidente, viajó 16 veces a la región, cosa que no ha hecho ningún otro miembro de alto cargo de ese país. Para Biden, la Pandemia de la Covid-19 va a ser el Caballo de Troya de la nueva política estadounidense para el continente, quien actualmente tiene una economía asfixiada. 
Ahora, y tras el 20 de Enero, día de su asunción al poder, Biden fue nombrando uno a uno a los miembros de su gabinete. La diversidad de género, color y razas ha sido evidente.
Entre los que más llama la atención ha sido el nombramiento del secretario de defensa. Un afroamericano excombatiente de Irak, que manejó personalmente  una misión allí, y demostrando, con el paso del tiempo, que no quería desvincularse del ámbito militar, negándose a pasar a retiro. 
El nombramiento de Lloyd Austin en el ministerio de la defensa fue bastante audaz porque de hecho, no cumple con los requisitos básicos para poder asumir el cargo, faltándole el tiempo necesario de retiro para encargarse de asuntos de estado nuevamente. Este señor incluso es miembro de la junta directiva de empresas del complejo industrial militar como NUCOR CORP y RAYTHCON CORP.
Esa diversidad se ve enmarcada por ejemplo, en el nombramiento de una mujer en los servicios de inteligencia; de un cubano americano en los asuntos de seguridad nacional, y de un colombiano como director para el hemisferio occidental, sin olvidar que la vocera del partido demócrata, Luisana Pérez, es de ascendencia latinoamericana. 
Los países del continente, quienes creen ampliamente en el multilateralismo, han manifestado que de la nueva administración sólo piden mutuo respeto y complementariedad, cosa que Biden hará, cambiando el tono para sostener relaciones más saludables y sostenibles es decir, cambiando de táctica, en comparación con Trump, pero no de horizonte estratégico.
Esta nueva política exterior estadounidense inflexionará mucho en construir para la clase media, siguiendo la política Obama, de la cual es heredero, porque de hace mucho tiempo saben que la prosperidad de Latinoamérica representa la seguridad nacional de ellos. 
Así, haciendo un repaso por las principales preocupaciones de la región, vemos que se enfocarán en promover cambios de gobierno en Cuba, Venezuela y Nicaragua, pero no a través de la intervención directa sino a través de políticas soft, activando batería de los Think tanks como Freedom House, CSIS, o el Mc Cain Institute. Ello hará que proliferen en la región organizaciones de asistencia, principalmente para los DDHH. La USAID recuperará su estatus injerencista y su papel protagónico, promoviendo esa asistencia para el desarrollo, que tiene como objetivo principal la desestabilización y el cambio de gobiernos no aliados, apoyándose en organizaciones multilaterales, que puedan promover los lawfare regionales.
Es obvio que en Cuba levantarán las sanciones, eliminarán la prohibición de reenvío de remesas y restaurarán el programa de reunificación familiar, así como lo hicieron en el 2014, porque han entendido que si permiten que sus conciudadanos puedan viajar a la isla, es más fácil enamorar a la población cubana y empoderarla de herramientas para que propicien cambios. Eso podría hacerse a un nivel, mientras que con el gobierno de Díaz-Canel promoverán una reapertura diplomática y económica, y desde allí presionarlos para que cooperen en busca de una salida para elecciones en Venezuela sin Maduro como candidato. Por otro lado, aspiran a aprobar 20 mil visas pendientes a cubanos. 
Con Colombia, país con quién históricamente los Estados Unidos han tenido buenas relaciones, tocará primero hacer un llamado de atención a Iván Duque, pero fuera de eso, quien se ufana de haber creado el Plan Colombia, mantendrá el discurso de la lucha a muerte contra la guerrilla, el financiamiento y acciones concretas contra el narcotráfico, buscar más alianzas para nuevos tratados de libre comercio, etc. Para ello, es necesario que Duque cese su línea de exterminio de líderes sociales, campesinos, excombatientes, e indígenas. Recordemos que Colombia es su principal aliado militar en la región, y siendo miembro de la OTAN, es muy significativo todo el apoyo que pudieran dar en un eventual cambio de planes contra Venezuela. Por otro lado, la posición geográfica de Colombia, continúa permitiendo la intromisión en los asuntos venezolanos, así como el desarrollo de operativos de inteligencia, sin que se sospeche nada. Insisto en el Caballo de Troya. 
Al igual que Colombia, Brasil deberá bajarle el tono, pues Bolsonaro, allegado a Trump, inició el año despreciando la ayuda prometida por Biden, estimada en 20 mil millones de dólares para colaborar en la lucha contra el cambio climático y la Amazonía. La capacidad productiva de Brasil es de suma importancia para los Estados Unidos, y además es uno de sus principales aliados en la región y permite, al igual que Colombia, sentar bases operativas para tejer estrategias contra el gobierno venezolano.
Centroamérica representa un gran dolor de cabeza por las crisis migratorias constantes que viven, pero además, por los altos niveles de corrupción de sus mandatarios, situacion que Biden sólo tolerará si le es favorable. Así, quien fue uno de los ideólogos de la Alianza para la Prosperidad, destinará cuatro mil millones de dólares para la crisis humanitaria que viven Guatemala, Honduras y El Salvador, y sobre todo, colaborar luego de los huracanes Eta e Iota, que afectaron notablemente la infraestructura de esa zona. Es justamente centroamérica donde Washington arraiga más su necesidad de articular acuerdos comerciales bilaterales, en lo que ellos denominan, son repúblicas bananeras. 
Con Panamá buscarán lograr derribar el acuerdo portuario con China, que les preocupa tanto como los acuerdos que hizo Beijing con México, las Bahamas, el Salvador, República Dominicana y Jamaica y echar mano a un probable nuevo canal en Nicaragua.
Justamente en Nicaragua promoverán financiamientos a organismos de derechos humanos y continuarán congelando fortunas de personas allegadas a Daniel Ortega. Biden siempre ha sido hostil al gobierno de Ortega y todo lo que representa el sandinismo. 
Con México, probablemente el país más importante para Estados Unidos por la cercanía a su territorio, es necesario que implementen acuerdos de libre comercio y reactiven el T-Mec, se muevan hacia un Green New Deal, lo que representa nuevos tipos de energía para la región, y detener la construcción del muro fronterizo. AMLO, al igual que Duque y Bolsonaro era más cercano a Trump, y eso, podría cambiar a favor de USA, quienes se benefician ampliamente de la mano de obra así como de la industria mejicana. 
En Argentina así como en Bolivia y Chile, Washington tiene muchos intereses, que van desde vastos territorios para la siembra, grandes lagos de agua potable, así como complejos mineros para la energía limpia como lo sin el litio, el carbón, el cobre, el grafito, entre otros. 
Tanto Argentina como Bolivia tienen posiciones ampliamente ancladas hacia el Mercosur, sin embargo, ello no implica que puedan llegarse a acuerdos favorables a la política estadounidense, con uno, ayudándolo a salir de la crisis económica y con el otro, respetando su soberanía luego del golpe constitucional que destituyó a Evo Morales. En tanto, Chile aspira a una nueva Constitución, sin olvidar que fue Piñera el primer presidente del continente que conversó con Biden, tras asumir, rompiendo el histórico uso habitual el cual era con Colombia. 
Por su parte, el caribe mar representa zona geoestratégica para el comando sur, a través de países a los que con una pequeña inyeccion de dinero caminarán al lado de Biden. Para esta zona, será imperativo que desplacen la propuesta del Petro Caribe, haciendo uso de la iniciativa de seguridad energética del caribe. La pobreza de estos países, aunada a lo paradisíaco de su amplia geografía, permitirían controlar la región vía marítima, financiando proyectos de envergadura para la industria hotelera, etc. 
Por último, no menos importante, el mal ejemplo que ha sido Venezuela para el mundo, planteándose un sistema político social de gobierno como el socialismo, en pleno siglo XXI y después de haberle pagado buenas sumas de dinero a Francis Fukuyama para que aseverara que se habían acabado las ideologías y se había llegado al fin de la historia. 
Venezuela es un país de muchas sorpresas y dueña de una política propia, aún cuando extraña.  Por más de veinte años se han trazado objetivos claros para desarrollar una tesis que aún le falta recorrer camino. 
Sin embargo, dada su posición geográfica, sus recursos naturales y su obstinada propuesta del socialismo, a Venezuela le plantearán nuevas estrategias, muy distinto a las sanciones que promovió Donald Trump.
Acá, la retórica Biden se llenará de estética. Buscarán llegar a acuerdos con el gobierno de Nicolás Maduro para que este acepte el estatuto de protección temporal, presionando para que el gobierno acepte ayuda humanitaria. Para ello, presionará paralelamente a Cuba, a México y a Argentina. 
Aunque Biden reconoció al diputado en desacato, Juan Guaidó, como presidente temporal de Venezuela, es probable que en un futuro se desmarquen de la estrategia Guaidó, para usar la carta Henrique Capriles Radonski, y cambiar el discurso, reconociendo la institucionalidad del país, para y desde allí, luchar desde adentro para captar a la población y promover un nuevo cambio de gobierno. Esa estrategia es más diplomática. Incluso, es probable que levanten sanciones y bloqueos, con tal de mantener a la población venezolana constante, lavándose la imagen de injerencistas. 
A EEUU le preocupa en la región la presencia de China a través de la tecnología,el ciberespacio y lo que ellos denominan como la injerencia cibernética. Beijing ha colado al continente a la ZTE y a Huawei, grandes compañías telefónicas que están  marcando el hito con la denominada red 5G, a la cual Estados Unidos le secunda. Y aunque Washington quiere desplazar la presencia China en el continente, pudiera ser justamente China el país que usen, a gran escala,  como chivo expiatorio contra Venezuela. Los intereses económicos siempre sobrepasan a los intereses políticos e ideológicos. 
Por otro lado, tanto Rusia como Irán, con menor presencia en el continente, serían los huesos duros de roer, ya que su política exterior es toda una muralla ante lo que representa el american Way Of Life, y ambos, son grandes aliados del gobierno legítimo de Nicolás Maduro. 
La política continental está ahora en un nuevo paradigma, y junto a ello, un presidente estadounidense que deberá desmarcarse de su antecesor para ganarse la confianza de la región y lograr concretamente los intereses que desvelan a más de uno todavía. 

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Carlos MatuteCaracas/Venezuela

Foto: dw.com

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben

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