La lucha contra el patriarcado debe ser anticapitalista

Nota: Erikmar M. Balza Guerrero – Venezuela

La crisis del capitalismo global nos recuerda que los derechos que han obtenido las personas oprimidas no están escritos en tinta indeleble, sino que están sujetos a las decisiones interesadas de los gobiernos burgueses y las instituciones financieras internacionales.

Nuestros derechos están sujetos a los altibajos de las relaciones de poder del capitalismo global. La crisis económica profundiza la polarización social, reviviendo a los sectores más reaccionarios de la sociedad para que expresen su virulenta xenofobia, homofobia y misoginia. Sabiendo esto, ¿cómo podemos luchar por la liberación plena de la mujer sin condicionamiento alguno?

El impulso de revivir una alianza entre el movimiento de mujeres y la clase trabajadora en nuestros países sugiere la posibilidad de fortalecer un ala anticapitalista dentro del nuevo movimiento de mujeres o movimientos feministas. Asimismo, en muchos países de nuestra américa como Chile, Argentina y Venezuela se escuchan a mujeres asumir ambas banderas, lo que nos hace pensar que los niveles de consciencia de género y de clase se han consagrado en los últimos tiempos de manera considerable.

Para los socialistas revolucionarios, la discusión del anticapitalismo abre las puertas a un fructífero debate sobre qué estrategia y programa político se debe implementar contra el capitalismo patriarcal. Nos obliga a pensar en las alianzas que debemos construir para luchar por nuestra definitiva emancipación, sin condicionamiento alguno y además en cómo podríamos intentar movilizar a la clase trabajadora para que asuma estas deudas históricas.

Imaginar un feminismo anticapitalista nos obliga a plantearnos la cuestión del sujeto político: sin las mujeres trabajadoras, que constituyen la mitad de la clase que es la inmensa mayoría de la sociedad, no existirá jamás una sociedad de iguales. Luchamos por un movimiento de la clase trabajadora, un movimiento de la mayoría, que es antagónico a los derechos de los pocos capitalistas que controlan nuestra sociedad y que determinan incluso la vida misma. Además, si no es la clase trabajadora (tanto mujeres como hombres) la que enarbola las banderas de la emancipación de los sectores más oprimidos, entonces el anticapitalismo se convierte en una dolorosa ilusión.

Esta alianza entre la clase trabajadora y las mujeres que luchan por sus derechos se remonta al siglo XIX y principios del XX, cuando las mujeres lograron ganar el derecho al voto y luchar contra las guerras imperialistas. Los bolcheviques pudieron lograr derechos hasta ahora inimaginables para las mujeres al llevar a la clase trabajadora al poder. Muchos de los derechos que existían en la URSS a principios del siglo XX y que aún se mantienen en la Federación Rusa aún no se han consagrado en muchos países de América Latina como lo es la despenalización y el derecho al aborto seguro y gratuito.

Desde entonces, esta alianza entre la clase obrera y las mujeres ha sido perversamente aniquilada por las clases dominantes, por la traición de los líderes partidistas, que sumergen a la clase obrera en el sindicalismo proempresarial y por la cooptación política de los movimientos sociales por parte del Estado como una herramienta de control político y así su fragmentación despolitizada en organizaciones.

Reconstruir la alianza histórica entre la clase trabajadora y el movimiento de mujeres es una tarea central en la reconstrucción de un feminismo verdaderamente anticapitalista. Construir esta alianza no significa pasar por alto el sexismo dentro de la clase trabajadora. Algunos sectores de la izquierda se niegan a enfrentar los prejuicios de los trabajadores, ideologías fomentadas por las clases dominantes que utilizan las instituciones bajo su control, como los medios de comunicación y los espacios educativos.

Estos sectores también se niegan a ponerse al frente de la lucha por los derechos democráticos más básicos, argumentando que el problema de la opresión de las mujeres es solo una expresión de la explotación capitalista. Al mismo tiempo, este tipo de reduccionismo de clase absuelve a los miembros más conscientes de la clase trabajadora e incluso a sus propios militantes de la responsabilidad de la reproducción del sexismo.

Cuando las trabajadoras toman las primeras líneas de la lucha, esto crea mejores condiciones para combatir el sexismo dentro de la clase trabajadora. Pero también para luchar contra el sexismo de los patrones. Como diría Simone de Beauvoir:

‘’El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos’’.

Nuestras ideas, programa y estrategia se basan en las lecciones acumuladas aprendidas de generaciones anteriores de marxistas revolucionarios y revolucionarias. Creemos en un feminismo que busca ser un movimiento político de masas, donde la lucha por los derechos y libertades democráticas esté conectada a una denuncia de este sistema de explotación y miseria de las mayorías.

SOLO UN MOVIMIENTO QUE BUSQUE DERROTAR ESTE SISTEMA PUEDE SER VERDADERAMENTE EMANCIPADOR.

ERIKMAR M. BALZA GUERRERO

Facebook / Instagram: @berikmar

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben

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