Uruguay: la inseguridad, el más urgente y grave problema nacional

El fin de semana del 6 y 7 de agosto en Uruguay, se registraron 7 homicidios en 30 horas. Una cifra elevada, que ya se ha repetido en otras ocasiones. Es la punta más dramática de un iceberg de la inseguridad que abarca todo el territorio nacional.

No pensemos en las encuestas de opinión pública, ni en las crecientes aspiraciones de los dirigentes políticos a medida que se aproximan las próximas elecciones del año 2024, pensemos en la vida de nuestra gente y la nuestra, con un poco de sensibilidad ante las situaciones extremas en amplias zonas de la capital, del área metropolitana y de ciudades del interior.

Lo más grave de esta realidad que se ha ido gestando desde hace varios años y que no es responsabilidad exclusiva de este gobierno multicolor, es que las actuales autoridades, desde el Presidente de la República, el Ministro del Interior y sus asistentes, no reconocen el problema y se concentran en manipular cifras y en justificarse.

Están atrapados en su relato. Tiene su explicación, el eje principal de la campaña electoral del 2019 de los partidos del actual gobierno y posteriormente, la campaña a favor de la Ley de Urgente Consideración a inicios del 2022, fue el combate a la inseguridad y por lo tanto este es notoriamente su mayor fracaso. Pero lo más grave es que para cubrir el fracaso se niegan a un análisis completo, serio, razonado y en conjunto de toda la sociedad uruguaya y del mundo político e institucional. Flotan en el desbarranque.

Veamos los datos comparativos para tener un panorama comparativo internacional: El índice de seguridad calculado por Numbeo considera los países del mundo según un escalafón del 0 al 100. Se toman en consideración factores como el nivel de delincuencia, seguridad a la hora de caminar solo por la calle de día y de noche, atracos, robos de automóviles y en los hogares, crímenes violentos etc.

Las preguntas para estas encuestas son similares a muchas encuestas científicas y gubernamentales similares. Los diez mejores países en materia de seguridad

Rango/ País Índice de DelincuenciaÍndice de seguridad
124/ Japón21,6778,33
125 / Suiza21,5878,42
126 /Isla de Man21,3278,68
127/ Eslovenia20,9579.05
128 /Hong Kong20,9179,09
129/ Omán20,6279,38
130/ Georgia20,5079,50
131/ Emiratos Árabes Unidos15,4584,55
132/ Taiwán15,2684,74
133/ Catar11,9088,10

Entre 124 países Uruguay que ha tenido un descenso permanente en la última década, se coloca en el lugar 38 (el 1, es el peor, el 124 es el mejor).En América Latina, hemos sido uno de los países, con aumento sostenido de posiciones y empeorando nuestra situación de inseguridad pública.

Podríamos tomar estas tablas para consolarnos: todavía nos queda bastante para empeorar…Si lo vemos desde el ángulo del aumento de los asesinatos, en el primer semestre del 2022, crecieron un 39% en relación al año anterior y siguen creciendo.

Caracas tiene en la actualidad 120 asesinatos cada 100.000 habitantes, en Uruguay nos estamos aproximando a 20 homicidios anuales cada 100.000 habitantes, pero con una distribución feroz, hay barrios de Montevideo que superan los 80 asesinatos, y creciendo y en la costa son menos de 5 asesinatos cada 100 mil habitantes.

Más allá o precisamente por las cifras de delitos, y de los más graves, la vida de los uruguayos sigue cambiando negativamente. La vida cotidiana, sus costumbres, sus miedos, sus preocupaciones diarias y no hay ningún indicador que nos permita avizorar cambios positivos y tráfico de drogas, armas, dinero sucio y personas, no queda reducido solo a algunas zonas.

Se expande. Uruguay es el país de mayor consumo de cocaína por habitante de toda la región y con un lugar destacado en el mundo.El delito ha cambiado de forma sostenida y negativa, y no es ningún aporte seguir explicando todo por el narcotráfico.

Es elemental, es básico y las propias cifras de incautación y de cierre de bocas, es decir de la base de la pirámide, son una demostración que con ese justificativo, lo único que se reconoce es la impotencia y gravedad del problema, pero no hay indicadores de disminución.¿La inseguridad es un mal endémico en crecimiento inevitable en todo el mundo y lo que tenemos que hacer es acostumbrarnos? No es cierto.

Tomemos una ciudad que fue de las más violentas del mundo, con un papel capital en el tráfico de cocaína y pasta base no solo para Colombia sino para todo el mundo consumidor y con el índice de homicidios más altos del mundo, a nivel de una guerra, Medellín.

Según los datos aportados por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez en un momento clave de sus cambios, tenía 2.486.000 habitantes, está equipada con 1.319 cámaras de seguridad y cuenta con un cuerpo policial formado por 9.083 agentes.Medellín pasó a ser la ciudad más violenta de Colombia a ser una de las más innovadoras.

Les costó más de tres décadas, pero comprendieron a fondo que la pobreza, la miseria, la exclusión social comporta obligatoriamente a procesos de crecimiento constante de la violencia y que todavía les queda un largo camino por delante.Ese es el tema, la tendencia, mientras en la ciudad más violenta de Colombia y América Latina la tendencia sostenida es a la disminución del delito y la violencia, en Montevideo y en Uruguay, retrocedemos.

Y el gobierno no quiere admitirlo y pretende resolverlo con leyes improvisadas y de pésima calidad, con aumento de policías y con jerarcas ministeriales de muy baja calidad política y en la propia materia, como ellos mismos reconocieron.Hay dos factores centrales de la estrategia exitosa: primero un abordaje integral, social, cultural, educativo, policial, de inteligencia, tecnológico, pero sobre todo político para poder alcanzar la resiliencia necesaria.

La palabra resiliencia se refiere a la capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse luego de experimentar alguna situación inusual e inesperada. También indica volver a la normalidad. Resiliencia es un término que deriva del verbo en latín resilio, resilire, que significa “saltar hacia atrás, rebotar”. En definitiva la capacidad de reaccionar adecuadamente ante las adversidades.

En ese marco se incluye la construcción de 850 centros deportivos, la creación de casas de justicia, centros de enseñanza, hospitales, la mejoría de todo el sistema de transporte, incluso con medios para alcanzar las zonas altas con un aerocarril y muchas otras obras.El segundo elemento es su abordaje político, como síntesis de todo lo anterior, incluyendo a todos los actores sociales, empresariales, políticos en este esfuerzo prolongado y constante del Estado, aún con cambios de partidos en la dirección de la ciudad.

En Colombia es un poco más difícil que en el Uruguay tratar de explicar toda la delincuencia y en especial los homicidios por la presencia del narcotráfico… En última instancia el crecimiento del narcotráfico en sus diversos aspectos, consumo, comercio y distribución, narco dinero y sus diversos usos, trata de armas, ajustes de cuentas (el sicariato) lejos de ser una explicación, es una acusación ante el fracaso de una política.Una parte fundamental de la situación son las cárceles, de hombres y de mujeres.

En la actualidad hay una cifra de aproximadamente 14 mil presos, entre 1999 y 2017, la población carcelaria pasó de 4 117 personas a 14.000, unos 400 presos por cada 100.000 habitantes, por lejos una de las más altas del continente. Lo único que tengo que agregar en este tema fundamental es que coincido plenamente con el diagnóstico y las propuestas del Comisionado Parlamentario para el Sistema Penitenciario, Juan Miguel Petit.

Pero para ello hace falta voluntad política y plata.Así como fue un error mantener contra viento y marea durante demasiados años al mismo equipo a cargo del Ministerio del Interior en gobiernos anteriores, incluso por elementales razones de comprender el desgaste impresionante de esos cargos, en la actualidad es mucho peor, es la negación del problema, es la impotencia justificada del fracaso de una política mientras la situación empeora a ojos vista.

Las consecuencias de la actual política económica y su impacto social, generan las mejores condiciones para que en una parte de la sociedad se desarrolle y crezca una base de reclutamiento para la delincuencia. Y eso es lo que vemos en forma constante.Hay soluciones, hay experiencias cercanas y más alejadas, hay capacidades intelectuales, científicas y técnicas, el gran problema es cuando un gobierno queda atrapado en sus propias promesas fallidas. Todo el país lo está pagando muy caro. 

Escrito por (*) Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es), de Other News (www.other-news.info/noticias). Integrante desde 2005 de La Tertulia de los jueves, En Perspectiva (www.enperspectiva.net). Uruguay

Publicado en la web Bitácora UY

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