Seis meses después del colapso de Ucrania, el mundo ha cambiado para siempre

Seis meses después del inicio de la Operación Militar Especial (SMO, por sus siglas en inglés) de Rusia en Ucrania, las placas tectónicas geopolíticas del siglo XXI se han dislocado a una velocidad y profundidad asombrosas, con inmensas repercusiones históricas ya al alcance de la mano. Parafraseando a T.S. Eliot, así es como comienza el (nuevo) mundo, no con un gemido sino con una explosión.

El asesinato a sangre fría de Darya Dugina , el terrorismo a las puertas de Moscú, puede haber coincidido fatídicamente con el punto de intersección de seis meses, pero no hará nada para modificar la dinámica del cambio histórico actual, en curso.

El Servicio de Seguridad Federal de Rusia (FSB) pareció haber resuelto el caso en poco más de 24 horas, descubriendo al autor como un operativo neonazi de los muchachos de Azov instrumentalizado por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), a su vez una mera herramienta del combo CIA/MI6 que es quien gobierna de facto Kiev.

La agente Azov es solo un chivo expiatorio. El FSB nunca revelará en público la información que ha acumulado sobre aquellos que emitieron las órdenes y cómo serán tratados. Un tal Ilya Ponomaryov, un personaje menor anti-Kremlin al que se le otorgó la ciudadanía ucraniana, se jactó de estar en contacto con el equipo que preparó el golpe contra la familia Dugin. Nadie lo tomó en serio.

Lo que es manifiestamente serio, sin embargo, es cómo las facciones del crimen organizado conectadas con la oligarquía en Rusia tendrían un motivo para eliminar a Alexander Dugin, el filósofo nacionalista cristiano ortodoxo que, según ellos, pudo haber influido en el giro del Kremlin hacia Asia (no lo hizo).

Estas facciones del crimen organizado culparon a Dugin de una ofensiva concertada del Kremlin contra el poder desproporcionado de los oligarcas judíos en Rusia. Por lo tanto, estos actores tendrían tanto el motivo como los conocimientos técnicos locales para montar un golpe de este tipo.

Si ese es el caso, potencialmente explica una operación vinculada al Mossad, especialmente dado el grave cisma en las relaciones recientes de Moscú con Tel Aviv. Lo que es seguro es que el FSB mantendrá sus cartas muy cerca de su pecho, y el contragolpe será rápido, preciso e invisible.

La gota que colmó el vaso

En lugar de dar un duro golpe a la psique de Rusia que podría afectar la dinámica de sus operaciones en Ucrania, el asesinato de Darya Dugina solo expuso a los perpetradores como asesinos de mal gusto que han agotado sus opciones.

Un IED (artefacto explosivo improvisado) no puede matar a un filósofo, ni a su hija. En un ensayo esencial, el propio Dugin explicó cómo la guerra real es de Rusia contra el Occidente colectivo liderado por EEUU, es una guerra de ideas. Una guerra existencial.

Dugin define correctamente a EEUU como una “talasocracia” (concepto geoestratégico que señala al estado cuyos dominios son principalmente marítimos) heredera de “Britannia gobierna las olas” (“Britannia rules the waves”). Sin embargo, ahora las placas tectónicas geopolíticas están deletreando un nuevo orden: El Regreso del Heartland (corazón de la tierra, nombre que se aplica a Eurasia)

El propio presidente ruso Putin lo explicó por primera vez en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007. Xi Jinping de China lo puso en práctica al lanzar las Nuevas Rutas de la Seda en 2013. El Imperio contraatacó con Maidan en 2014. Rusia contraatacó acudiendo a la ayuda de Siria en 2015.

El Imperio se duplicó en Ucrania, con la OTAN armándola sin parar durante ocho años. A fines de 2021, Moscú invitó a Washington a un diálogo serio sobre la “indivisibilidad de la seguridad” en Europa. Eso fue desestimado con una respuesta de no respuesta.

Moscú no se tomó el tiempo para evaluar que una peligrosa trifecta liderada por EEUU estaba en proceso: una inminente guerra relámpago de Kiev contra Donbass; Ucrania coquetea con la adquisición de armas nucleares; y el trabajo de los laboratorios de armas biológicas de EEUU. Esa fue la gota que colmó el vaso.

Un análisis consistente de las intervenciones públicas de Putin en los últimos meses revela que el Kremlin, -así como el Yoda, maestro Jedi del universo de Star Wars del Consejo de Seguridad, Nikolai Patrushev- se dan cuenta plenamente de cómo los cabezas parlantes de los políticos/medios de comunicación y las tropas de choque del Occidente colectivo están dirigidos por los gobernantes del capitalismo financiero.

Como consecuencia directa, también se dan cuenta de cómo la opinión pública occidental está absolutamente confusa y despistada, al estilo de las cavernas de Platón, totalmente cautiva de la clase financiera dominante, que no pueden tolerar ninguna narrativa alternativa.

Por lo tanto, Putin, Patrushev y sus pares nunca presumirán que un senil lector de teleprompter en la Casa Blanca o un comediante cocainómano en Kiev “gobiernan” algo.

Mientras EEUU gobierna la cultura pop mundial, es apropiado tomar prestado lo que Walter White/Heisenberg, un estadounidense promedio que canaliza su mal interior, afirma en Breaking Bad: “Estoy en el negocio del Imperio”. Y el negocio del Imperio es ejercer el poder bruto y duro, mantenido con crueldad, por todos los medios necesarios.

Rusia rompió ese hechizo. Pero la estrategia de Moscú es mucho más sofisticada que arrasar Kiev con armas hipersónicas, algo que podría haberse hecho en cualquier momento, desde hace seis meses.

En cambio, lo que Moscú está haciendo es hablar con prácticamente todo el Sur Global, de manera bilateral o con grupos de actores, explicando cómo el sistema mundial está cambiando ante nuestros ojos, con los actores clave del futuro configurados como la Iniciativa Belt and Road (de la Franja y la Ruta), la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), la Unión Económica Euroasiática (EAEU), el BRICS+, la Asociación de la Gran Eurasia.

Y lo que vemos es que vastas franjas del Sur Global, o el 85 por ciento de la población mundial, se preparan de forma lenta pero segura para involucrarse en expulsar a los capitalistas financieros de sus horizontes nacionales y, en última instancia, acabar con ellos: una batalla larga y tortuosa que implica múltiples contratiempos.

Los hechos sobre el terreno

Sobre el terreno, en la futura Ucrania, se seguirán empleando armas hipersónicas Khinzal lanzadas desde bombarderos Tu-22M3 o interceptores Mig-31. Se seguirán capturando montones de HIMARS (Sistema de cohetes de artillería de alta movilidad) de EEUU. Los lanzallamas pesados TOS 1A seguirán enviando invitaciones a las puertas del infierno. La Defensa Aérea de Crimea seguirá interceptando todo tipo de pequeños drones con artefactos explosivos improvisados. El terrorismo de las células locales del SBU acabará siendo aplastado.

Utilizando esencialmente una fenomenal descarga de artillería -barata y producida en masa- Rusia se anexionará Donbass, muy valiosa en términos de tierra, recursos naturales y poder industrial. Y luego a Nikolaev, Odessa y Kharkov.

Geoeconómicamente, Rusia puede darse el lujo de vender su petróleo con grandes descuentos a cualquier cliente del Sur Global, sin mencionar a los socios estratégicos China e India. El costo de extracción alcanza un máximo de $ 15 por barril, con un presupuesto nacional basado en $ 40-45 por barril de Urales, cuyo valor de mercado hoy es casi el doble. Es inminente la creación de un nuevo índice de referencia ruso, así como de petróleo en rublos, siguiendo el éxito del programa de gas por rublos.

El asesinato de Darya Dugina provocó interminables especulaciones acerca de que el Kremlin y el Ministerio de Defensa rompieran finalmente su disciplina. Eso no va a suceder. Los avances rusos a lo largo del enorme frente de batalla de 1.800 millas son implacables, altamente sistemáticos y profundamente comprometidos con una Imagen Estratégica Mayor.

Un vector clave es si Rusia tiene posibilidades de ganar la guerra de la información con Occidente. Eso nunca sucederá dentro del ámbito de la OTAN, incluso cuando se está desarrollando un éxito tras otro en todo el Sur Global. Como Glenn Diesen ha demostrado magistralmente en su último libro, ‘Russophobia’, el occidente colectivo es visceralmente impermeable a admitir cualquier mérito social, cultural e histórico de Rusia.

Ya se han catapultado a la estratosfera de la irracionalidad: el aplastamiento, la reducción y la desmilitarización de facto del ejército imperial delegado en Ucrania está volviendo literalmente locos a los manipuladores responsables del Imperio y sus vasallos.

Pero el Sur Global nunca debe perder de vista el ‘negocio del Imperio’. Esa industria sobresale en la producción de caos y saqueo, siempre respaldada por la extorsión, el soborno de las élites locales y los asesinatos a bajo precio. 

Todo los trucos del libro ‘Divide y Vencerás’ deben esperarse en cualquier momento. Nunca subestimes un Imperio amargado, herido, profundamente humillado y en declive. Abróchense los cinturones de seguridad para más de esta tensa dinámica durante el resto de la década.

Pero antes, a lo largo de la torre de vigilancia, prepárense para la llegada del General Winter (invierno), cuyos jinetes se acercan rápidamente. Cuando los vientos comiencen a aullar, Europa se congelará en la oscuridad de las largas noches oscuras, iluminada ocasionalmente por sus capitalistas financieros fumando gruesos cigarros.

The Cradle, 24 de agosto de 2022

Escrito por Pepe Escobar

Publicado originalmente en La Haine

Permitida su reproducción citando la fuente.

Los artículos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben

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